Marcus
Llegamos al set junto con Nico, después de un largo y silencioso camino. La presión en el pecho aún no se me quita, y no estoy seguro cuánto tiempo seguirá ahí. Solo sé que verla caminar hacia la puerta de embarque ha sido una de las sensaciones más difíciles que he vivido en mucho tiempo.
Me siento en el sofá amarillo y dejo caer mi espalda hacia atrás, estirando un poco el cuello.
Te quiero, recuerdo sus palabras, con esa voz suya tan suave que he aprendido a agudizar mi oído para poder escucharla mejor.
—¿Dónde están todos? —me pregunta Nico. Veo el reloj de mi muñeca. Son poco más de las 12:00 del mediodía.
—Almorzando seguramente —Me pongo de pie y camino hacia mi oficina/cuarto de inspiración/bodega de ideas.
—Bueno... —dice Nico, entrando tras de mí.
Veo el guion sobre mi escritorio, junto a las otras 10 copias al costado. Este es el guion_final_final_estesí_editado.docx. Esperemos que no hayan muchos cambios para la siguiente versión.
Tomo asiento en mi silla de cuero negra, y Nico se acomoda en una silla pequeña frente a mí.
Agarro el móvil para ver el perfil de Bamvi en redes sociales. Sabía que no pondría historias inmediatamente, así que solo observo esa foto de perfil en la que muestra su delicada sonrisa, con ese único hoyuelo en su mejilla derecha.
Mi Bamvi. Es difícil de explicar, pero ya siento la distancia entre los dos, presionando contra mi pecho.
El dispositivo vibra, sacándome de mis pensamientos, y veo que es un mensaje de Laura.
Laura: Marcus. ¿Cómo estás? ¿Viste mi mensaje?
Frunzo el ceño. Le doy clic a la notificación y entro a la bandeja principal. Entonces leo su mensaje anterior. No me había dado cuenta.
Laura: ¡Oye! ¿Estarás disponible? Puedo llevarte almuerzo de donde Ana Lucía por la tarde.
Hmmm... En realidad no tengo mucha hambre.
—Marcus —me llama Nico—. ¿Te escribió a ti Laura?
Levanta su vista hacia mí, con su móvil en mano.
—Sí. Desde la mañana, pero no había visto su mensaje.
—¿Qué le dirás?
—No sé...
—¿Tú qué prefieres?
—Yo... —Veo el mensaje de Laura, con muy pocas ganas—. No tengo mucha hambre. ¿Por qué no vais vosotros a comer algo?
—Y tú... ¿te quedarás aquí solo?
—Sí. Estaré editando el guion, mientras vuelven los demás. Además, quiero estar atento por si Bamvi me escribe.
Nico frunce el ceño y entrecierra sus ojos.
—Marcus, el vuelo toma 11 horas. No puedes quedarte sin comer todo ese tiempo.
—Puede ser otro ayuno.
De repente, el móvil de Nico comienza a sonar. El nombre de "Laura Pereira" se ve en la pantalla. Nico chasquea la lengua y yo suelto un resoplido.
—Dile que me quedé dormido —le suplico en cuanto responde la llamada.
—¿Sí? Laura. Hola.
Yo le hago señas a Nico con las manos para que no hable de mí con ella. Sus ojos miel me ven con una especie de molestia.
—Sí. Vale... No —Nico ve hacia su reloj de muñeca—. Hace muy poco, unos... 20 minutos. Ah. No, no. Yo...
Yo lo veo, tratando de descifrar de qué están hablando.
—Sí. Laura, pero no creo que —Nico ve el móvil con el ceño fruncido y luego lo regresa a su oreja—. ¿Estás ahí? —Baja el móvil y me ve, confundido—. Me colgó.
—¿Qué te dijo?
—Viene en camino. Dijo que compró almuerzo y que no dejaría que entrases en ayuno.
Me tiro de nuevo hacia atrás.
—Yo solo necesito un respiro —musito.
Nico se pone de pie y me da una palmada en la espalda.
—Ya sabes cómo es tu hermana. No aceptará nunca un "no" por respuesta.
—Bien —me pongo de pie, sacudiendo mi pantalón. Es un viejo hábito; como si creyera que sigo teniendo viruta de lápiz de cuando escribía con éste—. Solo saldré a caminar un momento y vuelvo.
—Vale. Yo esperaré aquí por si llega antes. Me dijo que está a 30 minutos. Lo cual significa que...
—Está a 10 —decimos los dos al unísono.
—Laura y su manía de querer sorprendernos —camino hacia la puerta negra y me giro hacia Nico —. Regreso pronto.
Luego de cruzar por el set, salgo por la puerta grande que da hacia la calle y comienzo mi caminata.
David solía hacer esto conmigo cada vez que nos sentíamos frustrados. Algunas veces, vivir con las dos Ls era un poco... difícil. Pero él y yo encontrábamos algún pretexto para ir a dar una vuelta y tomar un descanso.
Cruzo la calle, y sigo por un camino que tiene árboles alrededor. Inmediatamente recuerdo cuando Bamvi y yo caminábamos por el triángulo del arte. Su ojos iluminados y alegres, su risa que me hacía sonreír.
¿Por qué ahora que la encontré, debo aprender a estar sin ella otra vez?
Mi oscuridad ahora no tiene sentido. No después de haber conocido la luz.
La caminata también me ayuda a menguar un poco la ansiedad. Trato de recordar las palabras de Nico y de ella. De que todo estará bien.
Y en verdad espero eso. Porque mi mente divaga constantemente entre las muchas cosas que quiero hacer junto a mi... mujer.
Sonrío ante ese pensamiento. Se siente tan bien.
Para mamá Lucía sigue pareciendo una completa locura. Ella, que muchas veces trató de presentarme chicas, hijas de sus amigas y conocidas, para que saliera con ellas.
Intenté salir con un par, más por complacer a mi madre, pero la relación nunca duraba más de un par de semanas. No logré conectar con nadie, no logré sonreír genuinamente con nadie.
Hasta ahora.
Descubrí que el dolor que llevaba conmigo en la espalda sí que alejaba a las personas de mí. No podía darme el lujo de mostrar ese lado "débil" con nadie. Claramente porque a un hombre no le es permitido llorar.
Sin embargo, lloré junto a ella. Y ella, en lugar de pensar que era débil, me sostuvo, me dio de sus fuerzas, y le dio otro sentido a mi existencia.
Quiero pensar que hay un motivo para el accidente. Por ella, quiero ser positivo. Su luz irrumpió en mi oscuridad con una violencia tan inesperada, que ahora me encuentro pensando en escribirle poesías.