Piratas

Capítulo 7: Solos

—Empecemos por tu familia —dijo Dylan, curioso por conocer más sobre la vida de Ciel.

—Mejor no hablemos de eso —respondió él, avergonzado, mientras se sentaba en el borde del barco—. Hágame otra pregunta.

—Oh... por supuesto, Ciel. Si no quieres hablar de eso, no lo haremos —asintió Dylan, respetuoso—. ¿Has tenido alguna relación con un chico?

—No... no. Nunca nadie me llamó la atención —contestó Ciel, sonrojado y visiblemente incómodo.

—Te veo nervioso, Ciel... ¿Quieres decirme que eres un...?

Dylan no pudo terminar la frase. Lo que estaba insinuando lo dejó tan sorprendido como expectante.

Ciel desvió la mirada, visiblemente turbado. Se rascó la nuca y murmuró:

—Es que tú... bueno, tú eres muy... solo... —intentó explicarse, balbuceando—. Me pones nervioso.

Dylan sonrió al verlo tan vulnerable. Ciel parecía querer escapar.

—Oh, entonces... ¿te gusta alguien como yo, verdad?

—No lo sé —susurró, evitando sus ojos—. Lo que quiero decir es que... nunca tuve pareja.

—¿Nunca? ¿Ni un novio?

—Sí... nunca tuve novio ni nada parecido —dijo, todavía mirando a otro lado—. ¿Por qué me pregunta eso?

—Es que... estoy tratando de decirte que podría ser tu novio.

—¿Eh...? —exclamó Ciel, sonrojado hasta las orejas—. No juegue conmigo —protestó, buscando cómo huir de la situación.

Para Dylan, esa reacción fue simplemente adorable.

—Ciel, ¿no me crees? Mira, te lo demuestro.

Y sin darle tiempo a reaccionar, Dylan se acercó y lo besó. Fue un beso breve, pero intenso. Ciel se quedó paralizado, temblando por la mezcla de sorpresa y nerviosismo. Cuando se separaron, su rostro estaba completamente rojo.

—No... no sé qué hacer ahora —murmuró Ciel, mirando al suelo.

—¿No me digas que nunca te han besado así?

—Normalmente intentan matarme —murmuró con una mezcla de ironía y vergüenza.

—¿De verdad? ¿Nunca nadie te besó?

—Basta con eso —pidió, encogiéndose de hombros—. Mi vida ha sido complicada...

Dylan se sentó a su lado con una sonrisa tierna.

—Ciel... ¿me dejas decirte algo?

—¿Qué cosa? —preguntó, todavía rojo, pero curioso.

—Quiero decirte que eres muy guapo.

—Qué tonto —respondió Ciel entre risas, esperando una pregunta más profunda.

—Shhh... solo quiero ver tu carita de avergonzado.

Ambos rieron, y el ambiente se volvió más cálido. Mientras el sol se ponía, compartieron un silencio cómodo. Fue entonces cuando Ciel decidió abrirse un poco más.

—Yo... maté a Barba Negra por accidente —confesó—. Antes era su rehén. No planeaba matarlo, pero cuando me rebelé, él quiso darme un castigo ejemplar. Íbamos a combatir, pero la espada se me escapó y se clavó en una palmera. Cuando intenté huir, él me acorraló... y la espada le cayó en la cabeza.

Dylan lo miró atónito.

—¿De verdad estás contándome eso ahora?

—La gente empezó a inventar historias, y así terminé con esa fama de cazarrecompensas... —dijo, bajando la mirada.

—Mira, sin importar lo que hayas hecho, ahora eres parte de mi tripulación. Y eso nunca lo olvidaré.

—Gracias... —dijo Ciel, abrazándose a sí mismo—. Va a hacer frío. Será mejor que busquemos algo con qué taparnos.

—Oh, no te preocupes por eso, mi pequeño —dijo Dylan con dulzura—. Ven, siéntate aquí conmigo. Solo quiero cuidarte bien.

Ciel aceptó. Se acurrucó junto a él bajo el abrigo del capitán, hombro con hombro.

—Lamento causarte tantos problemas —susurró Ciel, girando para verlo a los ojos.

—Ciel... tú no me causaste ningún problema. Todo vale la pena si puedo estar tranquilo contigo.

Ciel sonrió y recostó su cabeza en su hombro.

—Eres muy agradable como para ser uno de los piratas más temidos.

Dylan sintió el corazón inflarse de orgullo.

—Y tú eres demasiado tranquilo como para pertenecer a esta tripulación. Haces todo lo que te digo sin protestar.

Pero Ciel no respondió. Se había quedado dormido. Dylan lo observó, con ternura en la mirada, acariciando suavemente su rostro.

—Dios... mi pequeño Ciel. Te ves hermoso —susurró.

Lo alzó con cuidado y lo llevó al interior del barco, donde se acostaron juntos en una pequeña cama improvisada. Ciel murmuró un "buenas noches" entre sueños, mientras Dylan no podía dejar de acariciarlo.

A la mañana siguiente, Ciel despertó y se encontró en los brazos de Dylan. Se sonrojó al instante. El capitán parecía dormido, pero en realidad solo fingía.

Ciel lo miró en silencio... y se atrevió a tocar suavemente su rostro.

—Qué bien se ve —murmuró, apenado.



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Editado: 25.01.2026

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