Alaric
No podía sacarme sus ojos de la cabeza. Mirarlos fijamente se había sentido como una explosión solar en mi pecho. Como un tsunami arrasando con todo a su paso, o el choque violento de dos estrellas.
—Alaric... ¡Alaric! —El grito de Brayan cerca de mi oído me trajo de vuelta a la realidad—. ¿En qué demonios piensas? Llevo como diez minutos hablándote.
—¿Qué necesitas? —pregunté, fastidiado.
—Necesito que dejes de pensar en esa chica. Vamos a disfrutar las vacaciones, amigo.
—No tengo ganas.
—No te reconozco. ¿Dónde quedó el Alaric fiestero?
—Tengo que buscarla, Brayan.
—Oye, ni siquiera es para tanto. Su amiga, Tali, está mucho mejor.
—Deberías haber visto sus ojos de cerca —insistí, ignorando su comentario—. Tiene los ojos más impresionantes que he visto en mi vida.
—¿Marrones? Creí que te gustaban las de ojos azules y cabello rubio.
—La oscuridad de su cabello hace un contraste perfecto con la luz que emiten sus ojos. No lo entiendes.
—Definitivamente perdiste la razón.
—No sé cómo explicarte lo que me pasa con ella —admití, pasando una mano por mi frustrado rostro—. Es como... como si la conociera de toda la vida. De siempre.
—La has visto exactamente dos veces. Y la primera estabas borracho.
—No estaba borracho.
—Me dijiste que era una belleza mística, que sus ojos eran violetas y no sé qué más...
—¡Es una belleza! —lo interrumpí—. Y sus ojos... no sé qué demonios tienen, pero me tienen completamente hipnotizado.
—Tendremos que ir a deshacer esa hipnosis, entonces. No quiero un amigo loco el resto del semestre.
—Déjame en paz —le respondí, lanzándole una de las almohadas del sillón directamente a la cara.
En ese momento, la puerta del estudio se abrió.
—Joven Alaric.
—¿Qué haces aquí? ¿Por qué entras sin tocar? —reclamé, girándome hacia el empleado.
—Lo siento, joven. Yo toqué, pero...
—Silencio, no pedí explicaciones —lo corté, de mal humor—. Dime a qué vienes.
—El detective Martínez lo espera en el estudio principal.
Brayan se enderezó de inmediato en su asiento, con los ojos abiertos de par en par.
—¿Un detective? ¿Para qué quieres un detective, Alaric? —Al ver que me quedaba callado, su expresión cambió a una de total incredulidad—. No me digas que...
—No te importa —sentencié, dándole la espalda para ir a recibir al investigador. Había empezado a buscarla, y no me detendría hasta averiguar quién era exactamente esa chica.
Ruc.
Tali seguía construyendo nuestra coartada digital, tejiendo una red de mentiras perfectas. Si alguien indagaba, internet le respondería con datos fríos y convincentes: éramos un grupo de huérfanos, criados en el mismo internado, cada uno con un intelecto superior en áreas distintas. Había fotografías alteradas, registros escolares falsos, huellas digitales difusas. El camuflaje perfecto. Aun así, el peso de la prudencia me aplastaba; lo último que necesitábamos era llamar la atención de una especie que todavía debate si está sola en el universo.
Me sentía el escudo de mis amigos. Los humanos ignoraban la vida más allá de su atmósfera, y esa ignorancia los volvía peligrosos. Si descubrían nuestra naturaleza, el destino lógico no sería la bienvenida, sino el confinamiento en laboratorios de experimentación masiva. El miedo flotaba en la casa como un gas invisible. A mí no me dejaba dormir, mientras que los demás parecían flotar en una calma desconcertante. Excepto por Zuna. Cuando la miraba, encontraba en sus pupilas el reflejo exacto de mi propia ansiedad. La misma duda paralizante.
—¿Podemos hablar diez minutos? —su voz interrumpió el silencio del pasillo.
—Sí.
—Creo que ya sabes lo que voy a decirte. O al menos tienes una idea.
—Estás preocupada.
—No estoy diseñada para procesar este tipo de comportamientos. —admitió, apretando los puños—. No he tenido un día de descanso óptimo desde que iniciamos este plan. No quiero ser egoísta, Ruc, ni sabotear lo que estás experimentando, pero...
—Alaric es mi felicidad —la interrumpí, aferrándome a la palabra humana como si fuera un mantra—. Y sólo me quedaré aquí unos meses.
—¿Y después qué? —Zuna dio un paso hacia mí, con la mirada encendida—. ¿Le dirás que tu código genético pertenece a otro cuadrante estelar? Si te rechaza, ¿simplemente empacaremos y nos iremos? Has analizado su cinematografía, has leído su literatura; sabes el pánico que les provocamos. Mi prioridad es Maro. Él es nuestro protector y destruiría su propia estructura biológica por salvarnos. No quiero obligarlo a llegar a ese extremo, y sé que Tali tampoco.
—Entiendo —el pecho me dolió, un síntoma físico que odiaba de este planeta.
Alaric era el descendiente de un hombre con una influencia desmedida en este territorio. Si su padre nos detectaba, nos convertiríamos en propiedad científica.
—Encontraré una salida —sentencié—. Si la situación se sale de control, haré que Barty sintetice un suero de inhibición neurológica. Si Alaric no logra asimilar lo que soy, no lo arrastraré a Ramhl contra su voluntad. Borraré cada sinapsis relacionada conmigo; haré que me olvide
#1082 en Fantasía
#117 en Ciencia ficción
extraterrestres accion aventuras, extraterrestre humano amor
Editado: 10.08.2026