Planeta Ideal.

Capitulo 13

Por la mañana, la paz se destruyó. Tali entró a mi habitación al borde de la histeria, sosteniendo un dispositivo humano. Alguien había grabado un video de Alaric a mi lado en el callejón, y el título me señalaba directamente como su pareja.

—Teníamos que pasar desapercibidos, Ruc. ¡Esto arruina el protocolo de camuflaje!

—Lo siento. No sabía que los nativos estaban registrando imágenes en ese momento.

—He intentado borrar el video de la red, pero muchos humanos ya lo han compartido en sus servidores locales. Hacer que desaparezca por completo me está causando anomalías en el sistema de rastreo.

Alaric

Mi padre entró a mi habitación temprano, sin siquiera tocar. Me preparé mentalmente para el habitual regaño sobre la dignidad del apellido Cavendish; sin embargo, lo que recibí fue una sonrisa casi calida y una felicitación.

—Me llenas de orgullo —dijo, extendiéndome su tableta.

En la pantalla se reproducía el

video del callejón. Ruc aparecía a mi lado, sonriendo con esa pureza suya mientras repartía suministros de comida a los indigentes. El titular de la prensa digital leía con letras enormes: «Alaric Cavendish haciendo buenas obras al lado de su hermosa y misteriosa novia».

—Eso fue un acto privado... —comencé a decir, sintiendo una oleada de ira.

—¿Te imaginas si su historia sale a la luz? —me interrumpió, ignorándome por completo—. Todos los ciudadanos están comentando lo bonita y bondadosa que es ella. Su carisma es orgánico. Con ella a tu lado, tendré asegurados los votos de millones de personas para la reelección.

—Te prohíbo que la uses para tus campañas políticas. No es una mercancía.

—No la usaré yo, querido hijo. Serás tú quien lo haga.

—¿Qué pretendes?

—Quiero que sigas haciendo buenas obras públicas. Que vayan a sembrar árboles, que recojan basura en las playas, que visiten huérfanos... todas las tonterías caritativas que a ella se le ocurran. La prensa los amará.

—¿Y si me niego? —lo encaré, dándole un paso al frente.

El rostro de mi padre se volvió de piedra. El político amable desapareció, dejando solo al dictador que gobernaba tras bambalinas.

—No aprobaré que sigas saliendo con una huérfana muerta de hambre.

—No puedes prohibirme nada. Ya no soy un niño.

—Sí puedo. Soy tu padre y el presidente con más poder del mundo. Si quiero, puedo hacer que deporten a tu querida Ruc del país.

La amenaza no me calo.

—Yo me iría a donde ella esté. No me importaría dejar este lugar.

—¿Ah, sí? ¿Y con qué dinero? —Mi padre soltó una carcajada seca, guardando la tableta—. Dependes completamente de mi apellido y de mis cuentas. Unos días sin tus tarjetas de crédito y enloquecerías. Así que mejor obedece, sé un buen heredero y ve a ver qué otra brillante idea se le ocurre a tu noviecita.

..

Ruc.

Tali es experta en tres cosas: mantener la calma, ser estratega y dominar la tecnología. En este preciso momento, dos de esas cualidades están al borde del abismo.

—Es imposible. Borrar el video ahora mismo levantaría demasiadas sospechas. La gente en la red ya está indagando sobre ti.

—No era mi intención —respondí, luchando por contener el pánico

—. Juro que no calculé...

—No me gusta interrumpir, pero hay anomalías en el perímetro. —Kos entró a la habitación. Sorprendentemente, su pulso parecía más tranquilo que el del resto—. Es el humano.

—Haz lo que sea necesario. Tiene que sentir la necesidad del otro lo más pronto posible. En cuanto te diga que te ama, estaremos listos para evacuar este planeta.

«¿Cómo se supone que consiga eso?»

Alaric no es un humano común; a su alrededor siempre hay demasiadas nativas desconcertantemente bellas.

—Hola, morita —me saludó con esa sonrisa indescifrable.

—Hola.

—¿Te gustaría visitar un invernadero?

—Supongo que sí. —Su lenguaje corporal me pareció extraño, demasiado ensayado—. ¿Está todo bien?

—Sí, desde luego. Tengo una idea fenomenal.

—¿Qué es?

—Vamos a plantar árboles. Es un pequeño proyecto personal.

Rastreé rápido mis bases de datos sobre la Tierra: plantar árboles disminuye la contaminación, una acción favorable para su bioma.

—¿Te gusta la idea? Si no quieres...

—Sí quiero —lo interrumpí—. Me encantaría aprender sobre la flora del pla... del país. —Me corregí de inmediato, maldiciéndome a mí misma. Ya me había equivocado demasiadas veces con esa terminología.

...

Al llegar al invernadero nos recibió el encargado. Para mi sorpresa, era un joven de apenas diecinueve años, exactamente la misma edad biológica que Alaric.

—Bienvenidos.

—Hola —dije, extendiendo la mano en un intento de replicar sus costumbres, pero Alaric me detuvo firmemente de la muñeca.

—Es una persona común —murmuró Alaric, tirando de mí con una frialdad que no le conocía—. No te desgastes en amabilidad.

Lo miré, registrando el cambio drástico en su comportamiento.

—¿Lo conoces?

—Excompañeros —aclaró él, con un deje de amargura—. Mis padres no tienen tanto poder como para enviarme a Harvard.

—No desgastes a mi novia con tus fracasos —intervino Alaric. interponiéndose entre los dos—. A ella no le interesa.

—¿Y qué le interesa? —El joven alzó una ceja, barriéndome con la mirada—. ¿Verse bonita para las fotos mientras planta árboles?

—No vine a posar —dije, dando un paso al frente para romper la tensión—. Quiero ayudar en esto. Aprender cómo funciona su ecosistema.

El joven me sostuvo la mirada un segundo antes de darse la vuelta. Nos guió a través del invernadero, un santuario acristalado donde el aroma a tierra húmeda lo inundaba todo. Se detuvo a explicarme la clasificación de varios árboles antes de cruzar a la sección de flores. Me quedé sin aliento. Eran un estallido de colores y texturas maravillosas. En ese momento comprendí por qué las transmisiones y películas románticas de este planeta insistían en que las humanas eran más bellas que las flores; si la flora de este mundo ya era extraordinaria, la estética de su especie resultaba fascinante.
El guía se detuvo frente a unas hileras de brotes jóvenes y palmeó el reverso de una hoja.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.