Planeta Ideal.

Capitulo 17

Ruc.
Estuve a punto de dar mi primer beso. La atmósfera era perfecta, suspendida en el aire, hasta que Barty irrumpió con su habitual torbellino de energía. Llegó desbordante de emoción, interrumpiendo el momento para preguntar si Nicolás podría darnos más de sus plantas. Alaric, con esa paciencia tan suya, asintió y prometió llevarnos al invernadero al día siguiente.
Al final, nuestro gran momento se redujo a un casto y tibio beso en la mejilla como despedida.
...
En cuanto nos quedamos solas, mis amigos me rodearon como una junta de examinadores.
—¿Ya te dijo que te ama? —disparó Maro de inmediato.

—Aún no.
—¿Entonces? ¿Pasó algo relevante?
—Casi nos besamos —confesé. Mis sensores biológicos seguían alterados; juraría que aún sentía el calor de su respiración rozando mi piel—. Y... ahora somos novios.

—¿Novios? —Zuna arrugó la frente, escéptica—. Ruc, mis registros indican que ha salido con al menos treinta humanas, y trece de ellas tuvieron ese título. ¿Qué te hace pensar que la estadística cambiará contigo?

—Ruc es su eterna —intervino Azela, cruzándose de brazos en mi defensa.
—Él es humano, Azela. Su biología no responde a nuestros lazos, ni funciona igual a la nuestra.
—Prometió que se casaría conmigo —solté, buscando un anclaje firme.
—Yo no confío en la semántica de las promesas humanas —sentenció Zuna—. Si es real, ¿por qué no formalizar el vínculo ahora mismo?
—Porque en su cultura la juventud es un impedimento legal y social para el matrimonio —expliqué, logrando que sus expresiones se suavizaran un poco—. Además, Alaric me dio detalles sobre su padre...
Les resumí la conversación. Me observaban fijamente, con una mezcla de desconcierto, como si mi estructura molecular se estuviera transformando en la de una humana cualquiera.
—¿La radiación de la luna afectó tus sinapsis? —atacó Zuna. Si nuestro ADN no hubiera erradicado el odio hace milenios, habría jurado que me aborrecía.

—No es una mala estrategia —interrumpió Tali, analítica—. Pero mantendremos el misticismo. Si revelamos nuestro origen, investigarán el orfanato y nuestros planes de contingencia colapsarán. Dile a tu humano que aceptamos la propuesta, pero bajo nuestras condiciones. Yo coordinaré la logística.

—Pero Tali...

—Si el foco público se centra en el grupo, ustedes cuatro pasarán desapercibidos. Zuna, ustedes son el respaldo. Hay que proteger la misión.
—Entendido — Acepto Zuna, cediendo a la lógica.
...
La reunión en la Casa Blanca fue un despliegue de formalidades. El padre de Alaric nos recibió en la estancia principal, flanqueado por humanos de trajes oscuros y sonrisas ensayadas. Dejamos que Tali llevara la voz cantante; su maestría en el camuflaje social era tan avanzada que habría podido hacernos pasar por nativos de este siglo si se lo proponía.
—¿Así que usted es la mente líder del proyecto? —preguntó uno de los oficiales.
—No me considero una líder —respondió Tali con una neutralidad perfecta—. Simplemente optimizo los vectores del plan.
—Vaya, qué jovencita tan modesta.
Los humanos mordieron el anzuelo. Aceptaron mantener nuestra privacidad blindada a cambio de lo único que les importaba: tecnología y maquinaria avanzada para su agricultura, telecomunicaciones y redes de transporte.
...
Al salir del complejo gubernamental, Alaric nos guio hacia el invernadero. En cuanto entramos, Barty pareció contener las ganas de fundirse en un abrazo con la vegetación. Nicolás la recibió con una sonrisa genuina.
—Hola linda.
—Hola, Nik —Barty levantó la mano, a punto de ejecutar el saludo sagrado de Ramhl, pero Azela le sostuvo la muñeca justo a tiempo—. Vine por más flora. ¿Tienes especies colgantes?
—Tengo un sector entero. Ven, te muestro.
Kilio se quedó rezagado, observando la escena con los brazos cruzados. Sus ojos analizaban el entorno, buscando tal vez sus propios intereses.
—Si tu amigo no cambia esa postura pasiva, le van a arrebatar a su novia.—me susurró Alaric al oído.
—¿Quién lo haría?
—Nicolás —señaló discretamente al humano—. Es evidente la atracción que siente por Barty. Kilio debería marcar territorio.
—No operamos bajo la lógica de la propiedad, Alaric. Barty respira por mí, e igual yo por ella. Existe una resonancia simbiótica; el daño mutuo es matemáticamente imposible.
—¿Y no experimentas celos al ver a otro cortejarla?
—Los celos son una disfunción primitiva asociada a la violencia. Nosotros no somos violentos. — Parece que soy una anomalía de mi propio planeta. Yo sí he llegado a sentir celos.

—Vaya... La educación en Alemania es sumamente avanzada.

—Es de otro planeta —respondí antes de procesar mis palabras. Ante su mirada de sorpresa, corregí rápido—: Quiero decir... a años luz de la convencional.

...




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