Ruc
Tras despejar la mente un rato en mi cita, volví a casa y encontré con una excelente noticia: la administradora Gunea había enviado un mensaje. La orden era clara: no podíamos involucrarnos con ellos y debíamos regresar al planeta de inmediato. Si para lograrlo era necesario construir una nave desde cero, tendríamos que hacerlo.
—Ya escucharon —dije, rompiendo el silencio.
—Con los recursos tan limitados que ofrece la Tierra, tardaríamos al menos dos años —intervino Kos, analizando la situación con gesto preocupado.
—Encontrar la nave que perdimos sería mucho más rápido —sugirió Zuna.
—Escuchaste a la administradora —la cortó Azela de golpe—. Fue bastante clara: no quiere que nos involucremos con los destructores.
— Hay humanas en peligro. Deberíamos ayudar — Insisti, haciendo que una punzada de culpa recorriera la habitación—. No puedo ni imaginarme en su lugar... Que una especie extraña irrumpa en nuestro planeta solo para llevarnos y experimentar con nosotras. Yo desearía que alguien me protegiera.
—Eso nunca pasaría —replicó Zuna con firmeza—. Ramhl cuenta con escudos de defensa; cualquier nave enemiga explotaría antes de cruzar la atmósfera.
—Algo de lo que ellas carecen —recalque. —. No podemos simplemente dejarlas a su suerte. Hay que intervenir.
—¿Y qué sugieres que hagamos? — Pregunto.
—Podemos diseñar una pulsera de protección. De hecho, estaba preparando una para regalársela a Alaric; tengo los bocetos en mi habitación.
—Entonces no perdamos más tiempo —sentenció Maro—. Tenemos una nave y una pulsera que construir. No soy un experto en tecnología, pero cuentan con mis manos para lo que haga falta.
...
Alaric.
La universidad comenzó, y Ruc junto con los demás no tardaron en dejar en claro que están en otro nivel. Honestamente, estar en un aula les queda chico; terminan enseñándoles a los profesores en lugar de aprender de ellos. El asombro del cuerpo docente es tal que ya corren rumores de que los graduarán antes de que termine el año.
Después de clases, siempre la acompaño al laboratorio. El equipo trabaja sin descanso en un dispositivo que se asemeja a una pulsera. Cuando le pregunté para qué servía, se limitó a sonreír con misterio, prometiendo que me lo diría solo cuando estuviera terminado. No entiendo por qué tanto secreto.
...
Cruzar el umbral de mi casa nunca es bueno para la salud. Lo primero que impacta mi vista al entrar es a mi padre, cómodo en su sillón, con una mujer sobre sus piernas.
El intachable presidente ya tiene una virtual primera dama. Y sobra decir que no se trata de mi madre. La mujer que me dio la vida me abandonó cuando tenía diez años; si bien le reconozco el mérito de haber soportado tanto tiempo las infidelidades de mi padre, no puedo evitar odiarla por haberme dejado a mi suerte.
—Hijo, bienvenido —saludó él, sin molestarse en guardar las apariencias—. ¿Qué noticias me tienes?
—¿Sobre qué?
—Escuché que tu novia y sus amigos están trabajando en una nueva hazaña. El robot se está vendiendo más rápido de lo previsto; tras el anuncio de la ONU, varios países han solicitado más de cien unidades.
—Me alegra saber que te harás aún más rico.
—Así que dime... ¿qué maravilla están creando esta vez?
—No me lo han dicho —respondí con frialdad—. Pero ten paciencia; seguro será algo perfecto para seguir llenándote los bolsillos.
Ruc
Por fin está terminada. Tras meses de trabajo incesante, la creación está lista para cumplir la misión para la que fue concebida. A nuestro alrededor, la amenaza es cada vez más real: las noticias no dejan de informar sobre mujeres humanas desaparecidas. No tenemos dudas de que los destructores operan en la sombra, realizando sus experimentos aquí mismo con la complicidad de algún habitante de este planeta. Resulta incomprensible qué clase de humano vendería a los suyos, y mucho menos a cambio de qué precio.
—Hola, morita —la voz de Alaric me saca de mis pensamientos mientras rodea mi cintura con sus brazos—. Te ves muy feliz. ¿Es por tenerme aquí o hay algo más?
—Siempre seré feliz mientras te tenga a mi lado —respondo, viendo cómo se dibuja una sonrisa en su rostro.
—Nunca había conocido a nadie como tú.
—¿Y cómo soy exactamente?
—Honesta. Exageradamente honesta —dice, mirándome a los ojos—. Nunca me das motivos para dudar de ti; dices todo con una sinceridad que traspasa. Es algo que amo de ti.
Sus palabras caen sobre mí con el peso de la culpa. Es verdad que jamás le he mentido sobre mis sentimientos, pero la verdad sobre mi verdadera naturaleza sigue oculta tras un velo de silencio.
—Pase lo que pase... ¿nunca dejarás de quererme?
—Jamás —afirma sin dudar—. No importa lo que suceda, siempre te amaré.
Me lanzo a sus brazos, dejando que la calidez de su abrazo disipe mis dudas por un instante. Oírlo decir eso me llena de una felicidad absoluta.
—Te amo tanto, Alaric.
—No más de lo que yo te amo a ti, morita.
—Ajem.
Una tos impostada rompe el momento. Se trata de uno de los científicos humanos que colaboran con nosotros.
—Lamento la interrupción —dice con tono frío—, pero el presidente exige ver el prototipo. Quiere conocer su funcionamiento y los detalles técnicos de inmediato.
—Azela y Kos salieron por un café —intervengo, manteniendo la calma—. No tardan en regresar; ellos están a cargo de la presentación oficial.
—Trabajaste a su lado, Ruc. Deberías conocer la tecnología al detalle.
—No en su totalidad.
—El presidente es un hombre ocupado. No tiene tiempo para esperar.
—Dudo que unos minutos afecten la agenda de un mandatario —replico con firmeza—. Si el interés es real, sabrá esperar a quienes diseñaron el proceso.
El único humano al que me importa responderle está frente a mí. Mi verdadera prioridad es protegerlo.
—Deja de hostigar a mi novia y ve a decirle a mi padre que espere —interviene Alaric, imponiendo su autoridad.
El científico se limita a dar media vuelta y acatar la orden sin rechistar.
—Tengo algo para ti —le digo a Alaric, sacando el objeto que diseñé exclusivamente para él.
Se trata de un reloj de bronce con un acabado sencillo, casi tosco a simple vista. Sin embargo, su apariencia ordinaria es solo una fachada.
—Este reloj se encargará de mantenerte a salvo.
—¿Es algún tipo de amuleto de tu cultura? —pregunta curioso, examinándolo.
—No. Es un dispositivo diseñado científicamente para tu protección. Si alguien intenta hacerte daño, emitirá una descarga eléctrica de alto voltaje; si te disparan, desplegará una barrera de energía alrededor de tu cuerpo. Además, tiene un sensor biométrico que detecta engaños y te alertará si intentan mentirte.
—Morita... pensaste en absolutamente todo.
—Tu seguridad no es un juego. Tengo que protegerte.
—Morita, soy yo quien debería cuidar de ti —sonríe, tomando el reloj en sus manos.
#1082 en Fantasía
#117 en Ciencia ficción
extraterrestres accion aventuras, extraterrestre humano amor
Editado: 10.08.2026