Planeta Ideal.

Capitulo 26

Ruc.

El impacto del brazalete superó cualquier cálculo: más de diez millones de unidades ya están en manos de los humanos. Las redes sociales son un enjambre de videos donde celebran nuestra tecnología, maravillados por lo que consideran un milagro de la ciencia. Los testimonios se multiplican hora tras hora. Una mujer relató aún temblorosa cómo el dispositivo emitió una descarga paralizante contra el sujeto que intentó asaltarla. Otra describió la luz de un escudo envolvente que se desplegó justo a tiempo, bloqueando a un acosador en la penumbra de la calle y permitiéndole regresar intacta a su hogar.
La gratitud pública es inmensa gracias a su precio accesible, pero la presión sobre la producción es brutal. Cientos de unidades se ensamblan a diario mientras figuras de alto perfil —actrices, músicos, empresarios— exigen la suya ofreciendo sumas absurdas.
Sin embargo, el descontento también ha comenzado a filtrarse. Hay quienes protestan en línea afirmando que el brazalete está defectuoso porque rechazó su muñeca declarándolos «no aptos». Denuncian discriminación, ignorando que el dispositivo no juzga: simplemente lee sus intenciones. Y si el brazalete se cierra, es porque lo que guardan en el corazón no es bueno.

En paralelo, el trabajo en la nave no se detiene. Tali consiguió un refugio discreto en las afueras, un páramo donde la presencia humana es nula. Nos desplazamos en nuestros vehículos ramianos, máquinas capaces de cortar el aire en silencio, invisibles a los ojos y sensores de este planeta.
Nos dividimos las jornadas. Hoy, Maro y Kilio partieron hacia la Cordillera del Atlas, un territorio árido y distante que conserva los minerales esenciales para reensamblar nuestro núcleo. Si contáramos con el transporte pesado de Ramhl, estarían de vuelta en un par de horas; con los vehículos locales, les tomará un día entero llegar y hasta tres rastrear el material.
—Tranquila, Barty. Volverán antes de que te des cuenta —dijo Tali, posando una mano sobre su hombro.
Aunque el compañero de Tali también forma parte de la expedición, su voz no tiembla: confía ciegamente en las fortalezas de su eterno.
—Ya lo extraño —murmuró Barty, ajustándose la cubierta del brazo—. Jamás habíamos estado lejos el uno del otro por tanto tiempo.
—Maro y yo tampoco. Sé la opresión que sientes en el pecho, pero la mejor anestesia es el trabajo. Entre más rápido terminemos la nave, más pronto pisaremos Ramhl de nuevo.
—Tienes razón... Iré a la sección de propulsores con Zuna.
Cuando Barty se alejó, dejándonos a solas, la mirada de Tali se posó en la sombra donde me ocultaba.
—¿Ruc? ¿Qué haces ahí?
— Observar. Tienes un don natural para calmar.
—Es parte de mi disciplina como protectora —respondió con una leve sonrisa—. La especialización en camuflaje no solo enseña a esconder el cuerpo, sino a sostener el espíritu de otro ramiano. La estabilidad emocional es nuestro primer escudo.
—¿Podrías enseñarme a hacerlo?
—Por supuesto... pero cuando estemos en casa. Ahora la nave requiere toda nuestra atención.
Guardé silencio un instante. El peso de la duda que llevaba días rondándome la cabeza finalmente cedió.
—Tali... Yo no... No sé si deba abordar esa nave.
Ella se detuvo en seco, girándose hacia mí con los ojos muy abiertos.
—¿De qué hablas? ¿Pasa algo malo? ¿Es por el humano?
—Alaric tiene su vida aquí.— Dije en un susurro. —. Tiene una vida, proyectos, afectos. Es feliz. No tengo derecho a pedirle que lo abandone todo por un mundo que ni siquiera puede imaginar.
—El amor verdadero no conoce de renuncias imposibles, Ruc. Si Maro no se hubiera integrado a esta misión, yo habría renunciado a mi puesto sin dudarlo. Abandonar a tu compañero no está inscrito en nuestro código.
—Pero él no es de nuestra especie —insistí, sintiendo un nudo en la garganta—. No sé si su cuerpo o su mente puedan adaptarse a Ramhl. Nuestras costumbres, la gravedad, la forma en que sentimos... Somos diferentes.
—Nuestro planeta existe en perfecto equilibrio, Ruc, y tú eres una pieza indispensable en él. Si un humano desaparece de este mundo, la máquina humana sigue girando. Pero si un ramiano falta en su hogar, deja un vacío irreparable. Tus padres, tus amigos... todos te esperamos allá.
—Es que no encuentro las palabras para explicárselo —confesé.—. ¿Y si cree que intento secuestrarlo o devorarlo... como en esas ficciones absurdas que proyectan en sus pantallas?
Tali suavizó la expresión y dio un paso hacia mí.
—Él te conoce. Y sobre todo, confía en ti. Jamás imaginaría una cosa semejante.
—Ojalá tengas razón —murmuré, contemplando el horizonte de metal de la nave.




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