Ruc.
Llegando a casa, las preguntas cayeron sobre nosotros. ¿Qué había pasado? ¿Por qué se rompió la comunicación de golpe?
—Fueron los destructores.
—Uno en específico —intervino Maro, apretando la mandíbula—. Nos reconoció de inmediato, sin importar que lleváramos los pupilentes puestos. Peleé contra él, pero sus habilidades sencillamente no tienen comparación... Es como si nos llevara un siglo de ventaja.
—Su piel rozó la mía —admitió Kilio con un hilo de voz..—. Bastó ese roce para que una fiebre abrasadora me dejara indefenso.
—Menos mal Ruc no se lo topó. Nosotros, siendo dos, apenas logramos escabullirnos y mantenernos ocultos. No quiero ni imaginar lo que habría sido de ella si la encuentra sola.
Todas las miradas se posaron en mí. Sentí cómo la culpa me hincaba las garras en el pecho, volviéndose un peso insoportable. Si supieran la verdad... Si supieran que ese mismo destructor que los agredió, me construyó una tienda de campaña; que vigilo en la noche solo para que yo pudiera dormir; que me preparó café y curo mi herida con sus propios suministros. Nunca se quitó los guantes ni la chaqueta, sin importar el calor insoportable que hacía, mantuvo su piel venenosa cubierta para no hacerme daño. Por si fuera poco, logré dar con ellos gracias a su mascota.
Odlas se mostró cálido y atento conmigo. Pero la duda me carcomía por dentro: ¿lo hizo porque realmente me creyó humana, o solo estaba intentando ganarse mi confianza?
—Gracias por traerlos a salvo —dijo Barty, rompiendo mi trance al envolverme en un abrazo firme—. Jamás lo olvidaré.
—No tienes nada que agradecer —respondí, disimulando el nudo en la garganta—. Todos ustedes han dado todo por mí; siempre están ahí para guiarme. Somos un equipo, en esta misión y en las que vengan.
.
Los días siguientes se sintieron interminables. La nave avanzaba a pasos de tortuga recién nacida; el empleo de los nuevos materiales representaba un avance significativo, sí, pero no era el milagro que esperábamos. Sin rodeos: estábamos atrapados allí por otro año y medio.
—No vas a creer esto —dijo Alaric de pronto, tomándome con fuerza por los hombros. La angustia desbordada en sus ojos hizo que mi corazón diera un vuelco violento—. Encontraron... Encontraron una...
—¿Una qué? —apreté los puños.
—Una nave alienígena.
Un frío glacial me recorrió la espalda. Ay, por Ramhl. Es la nuestra.
—Ven —insistió, tirando suavemente de mí—. Tienes que verla. Es impactante.
...
Tal como lo temía: era la nuestra. Alaric me guio hasta un complejo ultrasecreto, hipervigilado donde los guardias armados custodiaban cada esquina. A nuestro alrededor, los humanos contemplaban con una mezcla de morbo y asombro la imponente muestra de tecnología alienígena.
—Están entre nosotros —susurró un hombre a mi lado, ajustándose el abrigo con nerviosismo—. Vinieron a invadirnos.
Su paranoia me pareció absurda. Somos seres pacíficos; nuestra única intención siempre había sido tenderles la mano a cambio de una cuota mínima de recursos.
—¿Te lo imaginas? — Me llamo Alaric. —. Hay una probabilidad enorme de que haya extraterrestres caminando en la Tierra.
—¿Y eso te parece malo? —lo cuestioné, midiendo mis palabras.
—Son alienígenas —bufó—. ¿Qué crees, que vinieron a tomar el té con nosotros?
—No los conoces. No deberías juzgarlos con tanta dureza.
—Han estado desapareciendo mujeres, Ruc. Desde hace meses. Gracias al brazalete que fabricaron la tasa disminuyó, pero esto... —señaló la nave. —. Esto es la prueba de su poder. Quizás sus armas tengan el potencial de pulverizar este planeta.
—Si su intención fuera destruirlos, ¿por qué no lo han hecho todavía?
—intervine, apretando los puños. Necesitaba desmantelar su miedo; no podía permitir que nos viera como un monstruo acechando en la sombra. Nosotros jamás dañábamos a otras especies; cobrábamos un pago justo y modesto: muestras de flora, fauna o minerales sin valor estratégico. Nada extravagante.
—Quizás solo están esperando a que sus armas estén listas —sentenció.
Me enfermaba su desconfianza. La gran mayoría de las civilizaciones en el cosmos eran pacíficas, atrapadas en la misma rutina que los humanos, creyendo en su propia soledad universal. Salvo los ramianos y los destructores —las dos únicas especies con un mapa intergaláctico avanzado según nuestros registros—, nadie buscaba la conquista. (Al menos por ahora)
Quizás existieran imperios bélicos en galaxias remotas, pero jamás se habían acercado a este sistema.
—Tengo que irme —dije, cortando el aire tenso entre los dos.
—¿A dónde?
—Quedé de reunirme con los chicos. Te veo luego.
...
Llegué al refugio con el pulso desbocado y la garganta seca. Solté la noticia de golpe, pero nadie se alteró: Tali ya había rastreado la señal. La alarma del reloj se había activado en el instante preciso en que puse un pie dentro del perímetro.
—No contaba con que los humanos la tuvieran retenida —admitió Tali, cruzándose de brazos—. Hay que recuperarla.
—Entrar no será sencillo —advertí—. Tienen las instalaciones bajo un cerco militar pesado.
—Podemos neutralizarlos con un gas somnífero, abordar, asegurar la carga de flora y despegar esa misma noche. ¿Qué opinan? —propuso Thed, obteniendo asentimientos rápidos de los demás.
—Si planeas llevarte al humano, tienes que hablar con él hoy mismo —me presionó Tali, mirándome fijamente.
Ella no entendía el terror visceral que Alaric le tenía a lo desconocido. Si descubría lo que yo era realmente... el rechazo me destruiría.
—Se lo diré 24 horas antes de despegar.
—¿Qué? ¿Por qué vas a esperar tanto?
—Los humanos son impulsivos cuando se ven acorralados —expliqué, intentando sonar convincente—. Espero que el amor que siente por mí pese más que el pánico y decida subir voluntariamente.
—Es un riesgo innecesario —objetó Tali—. Debe asimilar la verdad con tiempo. Y si se niega, tendremos que borrarle la memoria.
—No —interrumpí, con la voz quebrada—. Si en el último segundo decide quedarse, yo misma me encargaré de borrar sus recuerdos. Solo pido una semana. Una última semana feliz a su lado antes de, quizás perderlo para siempre. ¿Pueden concederme eso?
Tali me observó en silencio por unos segundos antes de suspirar.
—Está bien. Respetamos tu decisión.
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Editado: 10.08.2026