Planeta Ideal.

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Alaric.

Nicolás es un niño berrinchudo. Está molesto por mis propuestas para reestructurar los acuerdos de libre comercio en las fronteras; exijo lo justo y necesario, pero a su inmadurez simplemente no le parece.

Tras dejarme colgado, fui tras él. Lo que no esperaba era encontrarlo acompañado, y mucho menos por una pareja. El hombre sujetaba a la mujer con un abrazo posesivo, casi territorial. Ella lucía consternada; poseía un rostro hermoso y me invadió una punzante curiosidad por descubrir el color de sus ojos, aunque las gafas oscuras me lo impedían.

Al rozar su piel, una descarga eléctrica recorrió mi espina dorsal, un escalofrío tan extraño como placentero. El sujeto reaccionó como una bestia acorralada y nos separó de un tirón.

- No me gusta que toquen a mi esposa.

La palabra «esposa» retumbó en mi pecho, dejando un poso de molestia densa y visceral.

- Vámonos -ordenó él.

- ¿Tienen dónde quedarse? -intervino Nicolás.

- Hice una reservación en el Skin.

- Qué casualidad, nosotros también nos hospedamos ahí. Podemos llevarlos si no tienen auto. - Ofrecí.

- No es necesario. - La mirada que me lanzó, cargada de un odio puro, comenzó a ponerme sobre aviso.

- Insisto -dije, forzando una sonrisa neutral para ocultar el desconcierto que me carcomía.

- Amor... -Rodé los ojos internamente. Creí haber sido claro al pedirle a Sofía que esperara en el auto. - Hola a todos.

- Ella es Sofía, su novia. - Presentó Nicolás rápidamente-. Ellos son Ruc y Odlas, mis amigos de Alemania.

- Hola, un placer. Tienen nombres bastante únicos. -El desdén en la voz de Sofía fue instantáneo. Los analizó de arriba abajo; ellos no vestían ropa de marca ni proyectaban la imagen de quienes tienen las cuentas bancarias a reventar.

- Vámonos -murmuró por fin la mujer. Su voz era cálida, envolvente... aterradoramente familiar.

- Espera, deja que los lleve -insistió Nicolás.

- Está bien.

Sentí la mirada de ella clavada en mi mano. Sofía me apresaba, pero por una razón que escapaba a mi lógica, mi atención era incapaz de despegarse de la mujer: de sus dedos entrelazados con los de su esposo.

...

El sueño fue un lujo imposible esa noche. Bajé a la playa a ciegas, buscando que la brisa marina me despejara la niebla mental. Una imagen difusa no dejaba de proyectarse en mi mente: unos ojos violeta.

Traté de reconstruir los rasgos de su rostro, pero la memoria se negaba a colaborar; todo era borroso. Dándome por vencido, aceleré el paso a un trote ligero para liberar la tensión acumulada.

La oscuridad se volvía más densa a medida que me alejaba de los faroles del hotel. De pronto, colisioné contra un cuerpo frágil y ambos caímos a la arena.

Ojos violeta.

Unos deslumbrantes y preciosos ojos violeta me miraban cristalizados por las lágrimas. En ese milisegundo, una compuerta se rompió en mi cerebro: un alud de imágenes, sensaciones y recuerdos sofocantes junto a esa chica misteriosa me golpeó de lleno.

Ruc. Ruc era la dueña de la mirada que habitaba en mis sueños. Ruc no era humana... y yo era su eterno.

- ¡Quítate!

Un impacto brutal en las costillas me proyectó sobre la arena sin aire. Odlas ayudó a Ruc a ponerse en pie mientras yo me retorcía, sofocado por el dolor.

- ¿Estás bien? - Le preguntó él.

Ella ignoró su pregunta, desvió la vista hacia mí y se zafó del agarre de Odlas para arrodillarse a mi lado.

-¡Le rompiste una costilla! -Recriminó a gritos, enfurecida-. Tranquilo, no te muevas, llamaré a una ambulancia. -Dijo buscando mi mirada.

Le sujeté la mano con desesperación. Había un abismo de preguntas agolpándose en mi garganta.

- ¿Te casaste con él?

- Vas a estar bien, no te preocupes. - Evadió, esquivando mi mirada.

A pocos pasos, Odlas apretó los puños con una furia asesina. Se quitó los guantes despacio y avanzó hacia nosotros con paso pesado.

- Aléjate de él. - Ordenó y Ruc, se interpuso de inmediato, cubriéndome con su cuerpo.

- Ni lo pienses.

- Acabaré con esto de una vez por todas.

- Odlas, por favor. - Ella se incorporó de golpe y lo sujetó con fuerza de la manga. - Solo quiero ayudarlo.

- Vuelve a tocarlo y el siguiente en hacerlo seré yo. - La amenaza resonó con una frialdad desprovista de cualquier rasgo humano.

...

Nicolás tardó veinte minutos en encontrarme. La radiografía posterior confirmó varias costillas fracturadas. Ese imbécil poseía una fuerza inhumana; un golpe más fuerte y me habría destrozado la columna vertebral




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