Odlas.
No sé en qué momento tomó el control de mi cuerpo. Y, sinceramente, tampoco me interesa saberlo.
- Relájate. Solo estaba haciendo un pequeño experimento. - Use un tono descarado que jamás me pertenecería.
- ¿Eres... Eres Odlas? -Ruc me miró, proyectando en su rostro una expresión de desconcierto que, para sorpresa de nadie, me revolvió el estómago.
- Sí, damisela. Me ha encantado comprobar lo fiel que me eres - Un rubor intenso le cubrió las mejillas. - Creí que te entregarías a él sin pensarlo dos veces. Tal vez no lo quieres tanto como dices.
- Eres... ¡Eres un...!
- Cuidado con las ofensas. - La interrumpí, alzando una mano con falsa modestia. - He sido bastante generoso. Imitar a este espécimen no es nada fácil.
- Quiero que le regreses su cuerpo. Ahora.
- Eso intentaba. - Murmuré, forzando la garganta. Pero nada ocurrió. Maldita sea, no puedo volver a mi propio cuerpo.
- ¿Y bien? ¿Ya? - Insistió ella, con la voz quebrada por la impaciencia.
- Esto no es tan fácil, damisela.
- Me voy a volver loca...
- Quiero mi cuerpo ahora mismo - Exigió, dando un paso al frente.
- Y yo quiero el mío, pero no puedo. Creo que tu humano tiene que aprender a usar mi habilidad para devolvernos a la normalidad.
- ¿Y cómo demonios hago eso?
- ¿Es que no escuchas? Aprende a usar mi habilidad.
- Te detesto.
- El sentimiento es mutuo.
Alaric desvió la mirada hacia mi esposa y sus ojos se detuvieron en ella más de lo debido. La ira me quemó por dentro. Sin pensarlo, tomé una manta de la cama y se la tiré encima a Ruc.
- Cambiate.
- Hace cinco minutos no te molestaba su ropa. - Protestó, alzando una ceja.
- Hace cinco minutos eras inexistente.
- Ese de allá eres tú y el de aquí es él. - Intervino Ruc, señalándonos con la cabeza en un intento de procesar la locura.
- Mentalmente no, damisela.
- Alaric, por favor, haz el intento. Yo sé que tú puedes. - Imploró ella, dando un paso impulsivo hacia el cuerpo que solía ser mío.
- ¡No lo toques! -Atrapé sus muñecas justo a tiempo. Mi agarre, en esta nueva forma, se sintió ajeno y torpe. - ¿Estás loca? No lleva guantes. Pudiste salir herida.
El corazón me golpeaba con violencia contra el pecho. Me giré hacia el imbécil que ocupaba mi figura física y lo encaré con rabia:
- Nunca te le acerques así. Mi piel es venenosa, podrías matarla.
- No iba a dejar que me tocara -Resopló él, acomodándose la ropa con total indiferencia.
- Más te vale. Mientras encontramos la manera de regresar, mantente alejado de ella.
- Entonces enséñame cómo usas tu habilidad.
- Vamos afuera. - Asintió.-Descansa un poco damisela. Vamos a arreglar ésto.
Ruc.
No tengo la menor idea de lo que está sucediendo allá afuera. Lo único certero es la punzada de indignación en mi pecho: Odlas estuvo jugando conmigo todo este tiempo.
La discusión entre ellos sube de tono, envolviendo el ambiente en una tensión densa. Prefiero no intervenir. Conozco sus límites y sé que, al menos por ahora, no se harán daño.
...
Los encuentro de madrugada. Están tumbados sobre una reposera, exhaustos, derrotados por el cansancio y con el estrés marcado en las facciones.
Los primeros destellos del amanecer comienzan a dorarles la piel. Algo de comer les despejará la mente, me digo. Le pido al personal una bandeja con un desayuno nutritivo, la acomodo en la mesa junto a la piscina y rompo el silencio para llamarlos.
-¡Ni se te ocurra tocar la comida!
- Odlas, no puedes negarle el alimento a tu propio cuerpo.
- Tienes razón. No comeré; así arruino el estómago de este miserable.
- Yo tampoco probaré un bocado - Replica Alaric con altivez. - No pienso alimentar el cuerpo de una especie venenosa.
-¡Basta los dos! - Doy un puñetazo sobre la mesa que hace vibrar la vajilla-. Van a comer o yo misma les meteré la comida a la boca.
Ambos se congelan y me fijan la mirada, de pronto demasiado interesados en la amenaza. Definitivamente están malinterpretando mis palabras.
- Con la cuchara de los perros. -Añado en voz baja.
El cambio en sus expresiones es inestimable. Se me escapa una risa que logro ahogar a tiempo tras una máscara de seriedad.
- Coman. Ya.
...
Es como cuidar a dos niños caprichosos; la convivencia se vuelve más insostenible a cada hora. Si no se están amenazando con destruirse mutuamente, simplemente no encuentran paz.
Odlas aprovecha cualquier pretexto para fastidiar a Alaric, buscándome el contacto físico a cada segundo. Y Alaric se ve obligado a soportarlo a pie juntillas, condenado a ver cómo su propio cuerpo es el que me rodea.
- Me voy a volver loca... -Murmuro, llevándome las manos a la cabeza. Nicolás me acaba de advertir que Alaric tiene un compromiso crucial e impostergable. No hay opción: Odlas tendrá que suplantarlo en la conferencia. - Esto es vital para él. Tienes que hacerlo.
- ¿Y facilitarle el camino a la presidencia? Ni lo sueñes.
- Tú nos metiste en este embrollo.
- Y estoy intentando revertirlo, pero mis habilidades ahora le pertenecen a él. Yo no puedo forzar el cambio.
- Por favor...
- Vas a tener que ofrecer algo bastante más tentador que un «por favor».
- ¿Qué quieres?
- Un beso.
- ¿Irás a la conferencia si accedo?
- Quiero uno como el primero que nos dimos.
- Ni siquiera recuerdo cuál fue el primero.
- Yo me encargo de hacértelo recordar. - Susurra, inclinándose.
Me atrapa los labios durante dos minutos eternos. Lo aplastante de la situación es que me gusta. Me fascina cómo besa, y me carcome la duda de si se debe a la anatomía de Alaric o a que Odlas simplemente ha perfeccionado su técnica.
- Dijiste un beso, no cinco -Protesto al conseguir aire.
- Pudiste haberme detenido en el segundo. - Presume con una sonrisa arrogante. - ¿Por qué no lo hiciste? Sabes que soy yo. Habitaré otro cuerpo, pero la esencia sigue siendo la mía.
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Editado: 17.08.2026