Planeta Ideal.

Capitulo 54

Odlas.

No sé en qué momento tomó el control de mi cuerpo. Y, sinceramente, tampoco me interesa saberlo.

- Relájate. Solo estaba haciendo un pequeño experimento. - Use un tono descarado que jamás me pertenecería.

- ¿Eres... Eres Odlas? -Ruc me miró, proyectando en su rostro una expresión de desconcierto que, para sorpresa de nadie, me revolvió el estómago.

- Sí, damisela. Me ha encantado comprobar lo fiel que me eres - Un rubor intenso le cubrió las mejillas. - Creí que te entregarías a él sin pensarlo dos veces. Tal vez no lo quieres tanto como dices.

- Eres... ¡Eres un...!

- Cuidado con las ofensas. - La interrumpí, alzando una mano con falsa modestia. - He sido bastante generoso. Imitar a este espécimen no es nada fácil.

- Quiero que le regreses su cuerpo. Ahora.

- Eso intentaba. - Murmuré, forzando la garganta. Pero nada ocurrió. Maldita sea, no puedo volver a mi propio cuerpo.

- ¿Y bien? ¿Ya? - Insistió ella, con la voz quebrada por la impaciencia.

- Esto no es tan fácil, damisela.

- Me voy a volver loca...

- Quiero mi cuerpo ahora mismo - Exigió, dando un paso al frente.

- Y yo quiero el mío, pero no puedo. Creo que tu humano tiene que aprender a usar mi habilidad para devolvernos a la normalidad.

- ¿Y cómo demonios hago eso?

- ¿Es que no escuchas? Aprende a usar mi habilidad.

- Te detesto.

- El sentimiento es mutuo.

Alaric desvió la mirada hacia mi esposa y sus ojos se detuvieron en ella más de lo debido. La ira me quemó por dentro. Sin pensarlo, tomé una manta de la cama y se la tiré encima a Ruc.

- Cambiate.

- Hace cinco minutos no te molestaba su ropa. - Protestó, alzando una ceja.

- Hace cinco minutos eras inexistente.

- Ese de allá eres tú y el de aquí es él. - Intervino Ruc, señalándonos con la cabeza en un intento de procesar la locura.

- Mentalmente no, damisela.

- Alaric, por favor, haz el intento. Yo sé que tú puedes. - Imploró ella, dando un paso impulsivo hacia el cuerpo que solía ser mío.

- ¡No lo toques! -Atrapé sus muñecas justo a tiempo. Mi agarre, en esta nueva forma, se sintió ajeno y torpe. - ¿Estás loca? No lleva guantes. Pudiste salir herida.

El corazón me golpeaba con violencia contra el pecho. Me giré hacia el imbécil que ocupaba mi figura física y lo encaré con rabia:

- Nunca te le acerques así. Mi piel es venenosa, podrías matarla.

- No iba a dejar que me tocara -Resopló él, acomodándose la ropa con total indiferencia.

- Más te vale. Mientras encontramos la manera de regresar, mantente alejado de ella.

- Entonces enséñame cómo usas tu habilidad.

- Vamos afuera. - Asintió.-Descansa un poco damisela. Vamos a arreglar ésto.

Ruc.

No tengo la menor idea de lo que está sucediendo allá afuera. Lo único certero es la punzada de indignación en mi pecho: Odlas estuvo jugando conmigo todo este tiempo.

La discusión entre ellos sube de tono, envolviendo el ambiente en una tensión densa. Prefiero no intervenir. Conozco sus límites y sé que, al menos por ahora, no se harán daño.

...

Los encuentro de madrugada. Están tumbados sobre una reposera, exhaustos, derrotados por el cansancio y con el estrés marcado en las facciones.

Los primeros destellos del amanecer comienzan a dorarles la piel. Algo de comer les despejará la mente, me digo. Le pido al personal una bandeja con un desayuno nutritivo, la acomodo en la mesa junto a la piscina y rompo el silencio para llamarlos.

-¡Ni se te ocurra tocar la comida!

- Odlas, no puedes negarle el alimento a tu propio cuerpo.

- Tienes razón. No comeré; así arruino el estómago de este miserable.

- Yo tampoco probaré un bocado - Replica Alaric con altivez. - No pienso alimentar el cuerpo de una especie venenosa.

-¡Basta los dos! - Doy un puñetazo sobre la mesa que hace vibrar la vajilla-. Van a comer o yo misma les meteré la comida a la boca.

Ambos se congelan y me fijan la mirada, de pronto demasiado interesados en la amenaza. Definitivamente están malinterpretando mis palabras.

- Con la cuchara de los perros. -Añado en voz baja.

El cambio en sus expresiones es inestimable. Se me escapa una risa que logro ahogar a tiempo tras una máscara de seriedad.

- Coman. Ya.

...

Es como cuidar a dos niños caprichosos; la convivencia se vuelve más insostenible a cada hora. Si no se están amenazando con destruirse mutuamente, simplemente no encuentran paz.

Odlas aprovecha cualquier pretexto para fastidiar a Alaric, buscándome el contacto físico a cada segundo. Y Alaric se ve obligado a soportarlo a pie juntillas, condenado a ver cómo su propio cuerpo es el que me rodea.

- Me voy a volver loca... -Murmuro, llevándome las manos a la cabeza. Nicolás me acaba de advertir que Alaric tiene un compromiso crucial e impostergable. No hay opción: Odlas tendrá que suplantarlo en la conferencia. - Esto es vital para él. Tienes que hacerlo.

- ¿Y facilitarle el camino a la presidencia? Ni lo sueñes.

- Tú nos metiste en este embrollo.

- Y estoy intentando revertirlo, pero mis habilidades ahora le pertenecen a él. Yo no puedo forzar el cambio.

- Por favor...

- Vas a tener que ofrecer algo bastante más tentador que un «por favor».

- ¿Qué quieres?

- Un beso.

- ¿Irás a la conferencia si accedo?

- Quiero uno como el primero que nos dimos.

- Ni siquiera recuerdo cuál fue el primero.

- Yo me encargo de hacértelo recordar. - Susurra, inclinándose.

Me atrapa los labios durante dos minutos eternos. Lo aplastante de la situación es que me gusta. Me fascina cómo besa, y me carcome la duda de si se debe a la anatomía de Alaric o a que Odlas simplemente ha perfeccionado su técnica.

- Dijiste un beso, no cinco -Protesto al conseguir aire.

- Pudiste haberme detenido en el segundo. - Presume con una sonrisa arrogante. - ¿Por qué no lo hiciste? Sabes que soy yo. Habitaré otro cuerpo, pero la esencia sigue siendo la mía.




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