Odlas.
Esta humana es un fastidio. Me he topado con locas, pero ninguna como ella. Se la pasa encima de mí y no es digna ni de tocarme; solo Ruc tiene ese privilegio.
- Alaric...
- Estoy cansado de ti. Haznos un favor y no te me vuelvas a acercar - Zanjó, dando por terminada la reunión. Cuando regresamos a la casa de la playa, en lugar de agradecer el gesto, me regañó. Según su lógica, esa no era forma de romper una relación. - Esa humana no es digna de tocarme.- Insistí.
- No te estaba tocando a ti, me tocaba a mí.
- Tú eres yo y yo soy tú. No voy a permitir que nadie me toque.
- Ojalá pudiera matarte.
- Mátame. De verdad me harías un favor; este cuerpo es un desperdicio.
- En serio lo voy a hacer. A fin de cuentas, solo necesito un roce -se acercó dos pasos mientras se despojaba de los guantes-. ¿Y sabes qué? No es mala idea. Así liberaría a Ruc de ti. Sacrificaría mi propio cuerpo, pero ella y yo estaríamos juntos. Sin amenazas, sin miedo.
No retrocedí ni un milímetro. Sabía que no era lo suficientemente valiente como para suicidarse.
-¡No lo hagas! - Gritó Ruc interrumpiendo desde la puerta. -¡Alaric, no!
- Es lo mejor para los dos.
- No, no puedes. Vas a provocar una guerra con su planeta.
- ¿Te preocupa la guerra o su vida? - Inquirió él, enfurecido-. Dime, ¿lo quieres, verdad?
- Ya respondí esa pregunta.
- Esa respuesta no basta. Déjame matarlo y acabemos con esto de una vez. Tú serás libre y...
- ¡Dije que no! Esta no es la manera.
Alaric la sujetó del brazo. Ver su piel desnuda contra la de ella me desató el instinto: me abalancé y lo empujé con todas mis fuerzas para apartarlo.
- Ruc, ¿estás bien? -Le revisé las manos a toda prisa, buscando desesperadamente cualquier quemadura o reacción. Nada. Ni el menor rastro. Tal vez no llegó a tocarla... o tal vez, al estar él ocupando mi cuerpo, su piel se desactivó. Aunque en el fondo dudaba que fuera eso.
- Eres un imbécil, ¿tienes idea de lo que pudiste hacerle? - La furia me nubló la razón. Sin importarme que me estuviera golpeando a mí mismo, le asesté un puñetazo directo al rostro.
El dolor me atravesó la mano de inmediato: un ardor abrasador que me hizo sangrar. Su piel seguía siendo mortalmente venenosa para mí. Sin embargo, a ella no le había pasado nada.
- Este cuerpo no es tan malo después de todo. - Se burló él, limpiándose la comisura del labio
- Quizás me lo quede. Ya quedó comprobado que no le hago daño.
Volvió a tomar el brazo de Ruc. Ella permaneció intacta.
El silencio se volvió ensordecedor. Yo nunca fui el peligro para ella; ella es mi pareja predestinada. La prueba irrefutable estaba frente a nosotros. Ruc me miró con los ojos anegados en dolor; ella también lo había comprendido. Alaric jamás había sido su eterno. Siempre fui yo.
- Ruc... ayúdame a curar esto. -Pedí, con el puño latiéndome de dolor. Se zafó del agarre de Alaric, fue por el botiquín y regresó en silencio para vendarme.
- ¿Ahora me crees? - Insistí, pero esquivó mi mirada. -¿Entiendes lo que esto significa?
- ¿Ahora piensas hacer experimentos conmigo? - La voz se le quebró mientras las lágrimas finalmente rodaban por sus mejillas.
- No. Jamás. Nunca permitiría que nadie te pusiera una mano encima. - Dije, limpiando su rostro con ternura.
- Los de tu planeta no lo dejarán pasar. - Susurró aterrada. -Sentirán curiosidad por saber por qué yo soy inmune y ellos no. Convencerán a tus padres de entregarme a los laboratorios...
- Primero mataría a mis propios padres antes de dejar que te conviertan en un sujeto de prueba.
No dudaba del amor que me tenían, pero eran los reyes, los gobernantes absolutos. Ellos verían con buenos ojos sacrificar a uno por el bien de todos, en especial si ese uno pertenecía a otra especie.
Entendía perfectamente su temor.
No sé cómo lo hice, quizás impulsado por la rabia, quizás por el dolor de mi corazón herido, pero logré regresar a mi propio cuerpo. Desde esta nueva perspectiva, los vi. Ella le curaba la mano a ese miserable humano. Alaric le tomó el rostro con delicadeza.
- Lo siento, morita. No quería lastimarte. - Susurró él.
Ella levantó la mirada hacia sus ojos... y luego hacia mí. En su rostro vi la comprensión instantánea: cada uno había vuelto a su sitio.
- ¿Alaric?
- Sí, soy yo.
Me quemaba por dentro ver cómo lo abrazaba. Él iba a destruirla. Yo, por muy enfurecido que estuviera, jamás la había tocado sin protección; en cambio él, un estúpido humano impulsivo, casi acaba con su vida.
- Estaba celoso. Lo siento. -Añadió él.
- No pasa nada.
- Sí pasa. - Intervine, dando un paso al frente que los obligó a ponerse de pie. - Ya fue suficiente. Sabes perfectamente que no le perteneces.
- No te la vas a llevar. - Amenazó el humano, interponiéndose.
- ¿Y quién va a impedírmelo? ¿Tú?
- Quizás el chip que implanté en tu cuerpo.
Un chispazo brutal y una descarga eléctrica me derribaron de golpe. Jamás había experimentado un agonía semejante.
- ¿Creías que iba a perder el tiempo? Me diste una ventaja inigualable sobre ti. - Se burló.
Una segunda descarga atravesó mis nervios, obligándome a cerrar los ojos con violencia.
-Alaric, ¡basta! Lo vas a matar -Suplicó ella.
- El plan es experimentar con él, no matarlo. - Respondió con frialdad.
En ese instante lo comprendí todo: la razón por la que me había resultado tan fácil tomar el control de su mente era porque su alma estaba tan podrida como la mía.
- Déjalo. Por favor. - Rogó ella, al borde del llanto.
- Te tiene secuestrada. ¿Por qué demonios quieres salvarlo?
- Te diré por qué. - Escupí en un susurro envenenado, alzando la vista. - Soy su Eterno.
El humano soltó una carcajada amarga.
- En tus sueños.
- Que pronto serán tus pesadillas - Siseé. Intenté ponerme en pie, pero el dolor me paralizó los músculos.- Ruc... Damisela, sería un excelente momento para ayudarme.
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Editado: 17.08.2026