Planeta Ideal.

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Ruc.

A veces me cuesta reconocer mis propias palabras y actos. Acepté permanecer un año a su lado, adaptándome a su tiempo, pero aún me aplasta la certeza de que restan demasiados meses; interminables días. En la nave, sin embargo, las horas se consumen en un parpadeo. El planeta ya se dibuja, enorme y amenazante, a través de los visores.

Al aterrizar, Odlas ni siquiera se detiene: va directo a entregar la arena. Tras dar una explicación a su familia, ordena que me instalen en sus aposentos. La plataforma levitante me eleva hasta el último piso. Conocía este lugar, pero la mano de su madre es evidente en cada rincón remodelado: el mobiliario es ajeno, las paredes ostentan un tono pálido y abrieron un enorme ventanal que baña la estancia con luz.

- ¿Se siente cómoda? -La voz sintética rompe el silencio y me hace dar un brinco.

- Sí. Gracias.

- El príncipe Odlas desea saber si necesita algo.

- Herramientas para reparar mi comunicador.

Un panel en la pared se desliza sin ruido y los cajones se abren mecánicamente para exhibir el instrumental.

- Gracias. - Murmuro por hábito.

-¿Cómo debo responder a esa interacción, princesa?

Claro. Los destructores no programan el agradecimiento en sus máquinas.

- No tienes que responder. Tampoco necesito nada más.

- Puede colocar el dispositivo sobre la base sintética y nos encargaremos de la restauración.

- Prefiero hacerlo yo misma. Gracias.

- Registrando nuevo término en la memoria central...

Decido guardar silencio. Tomo las pinzas y comienzo a desarmar el reloj, aunque sé que es inútil: los circuitos internos están calcinados.

- El príncipe se aproxima. ¿Desea cambiar su atuendo?

- ¿Qué tiene de malo el que llevo puesto?

- La reina siempre recibe al rey con sus mejores galas.

- Yo no soy la reina. - Le recuerdo. - Y jamás lo seré.

- Según la línea de sucesión, el príncipe asumirá el trono el próximo siglo. Su esposa ocupará el cargo de reina consorte.

Las puertas se abren de par en par antes de que pueda replicar. Odlas entra con paso pesado, despojándose de la túnica y tirándola al suelo, donde un limpiador autómata la recoge de inmediato.

- La princesa presenta un desarrollo biológico joven para afrontar una gestación. - Anuncia la voz electrónica con neutralidad quirúrgica. - Se recomienda protección si planean iniciar un encuentro sexual.

Siento el calor agolparse en mis mejillas instantáneamente. Odlas, en cambio, deja escapar una risotada baja al ver mi reacción.

- Siempre te burlas de mí. - Protesto.

- Te ves muy linda así.

El microclima de la habitación reacciona a sus palabras: los ventanales se opacan hasta sellar la estancia, la iluminación cae a un tono cálido y tenue, y de los floreros mecánicos brotan pétalos sintéticos de un realismo inquietante.

- Todo listo para su encuentro sexual. Recuerden usar protección.

El bochorno se transforma en una alarma interna.

-¿Hay alguna forma de apagar esta cosa?

- Soy una inteligencia artificial -interviene la voz. - Mi nombre es Destra. Si mi presencia altera su confort, solo debe dar la orden.

- Desactívate.

- Desactivando...

La estancia queda en un silencio denso. Odlas me examina con la mirada.

-¿Te hizo sentir incómoda?

- Incómoda no. Invadida. -respondo, apartando los restos inservibles del comunicador. Tendré que ensamblar uno nuevo desde cero.

- Mi madre debió de haber instalado esas rutinas.

- Pídele que las borre. - Advierto, mientras busco una túnica más holgada. - Entre tú y yo jamás va a pasar nada similar.

- Podría pasar...

- Ni siquiera puedes tocarme sin ponerme en riesgo.

- La tecnología avanza todos los días, damisela. - Se acerca, y el calor de su voz prácticamente me roza la nuca.- Me informaron que están desarrollando un traje de aislamiento para que podamos aparearnos con nuestras parejas. Deberías ir al laboratorio y ayudarlos; después de todo, eres la experta en invenciones, ¿no?

- Estás prácticamente desnudo.- Lo reprendo, dando diez pasos hacia atrás en un instinto de supervivencia. - ¿Quieres volver a herirme?

Al marcar la distancia, el brillo alterado en los ojos de Odlas se disipa ligeramente, devolviéndolo a la realidad.

-Lo siento... No sé qué me pasa últimamente. Siento esta presión en el pecho... En realidad, siempre ha estado ahí. -Se pasa una mano por la nuca, frustrado.- Es solo que... después de tocarte sin miedo me acostumbré. Y ahora... ya no sé cómo controlar esto. -Las palabras se le atascan en la garganta antes de mirarme fijamente-. Te amo. Lo sabes, ¿verdad? -Da un paso al frente-. Yo solo... ¿quieres cenar algo? - Cambia de tema.

- ¿Estás bien, Odlas?

- No. No estoy bien, nunca lo he estado. Desde que te encontré en esa montaña estoy completamente a la deriva. Intenté irme, intenté dejarte con él... Pero te encerraron y... Alaric no te merece. No lo elijas a él. -Su voz se quiebra, perdiendo toda la soberbia imperial.- Quédate conmigo. Por favor.

Avanza de nuevo. Mi cuerpo reacciona antes que mi mente y doy tres pasos atrás.

- Por favor, no te acerques. -Suplico con el aliento corto. El recuerdo del dolor físico que me causó sigue demasiado fresco; me niego a experimentar ese fuego otra vez.

- No voy a hacerte daño -promete, extendiendo la mano vacilante.

-¡Que te alejes! - Mi espalda choca contra el borde del sillón y quedo atrapada. - Estás perdiendo el control.

- Me quema estar lejos de ti... Ya no lo soporto.




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