Planeta Ideal.

59

Odlas.

El silencio entre los dos pesa más que cualquier gravedad. Ruc no me mira. Siento la urgencia desesperada de tomar su mano, de probar sus labios, de provocar una colisión real entre nuestros cuerpos... De pronto, sus ojos encuentran los míos.

- No me mires así, Odlas.

-No me queda otra forma de verte. Quisiera arrancarme el corazón de un tajo y dejar de sentir. Duele... duele más de lo que jamás dolería la peor de las quemaduras.

...

Esta mañana la presencia de mi madre quebró la calma desde temprano. Le ordené a Destra que le concediera el paso y, con la soltura de quien se sabe dueña de todo, invadió mi espacio.

-Nuera querida, es hora de iniciar tu preparación.

-No entiendo -murmuró Ruc, encogiéndose un poco.

-Perteneces a una de las razas más dotadas intelectualmente; no te costará asimilarlo -sentenció mi madre, dejándola sumida en la incertidumbre.

-Destra, ayúdame con esto -suplicó Ruc.

-A la orden, majestad. - Resonó la voz metálica de la androide. - La reina ha dispuesto acompañarla en un recorrido de reconocimiento por el planeta. Como futura líder, debe cartografiar su territorio y sostener audiencias con los soberanos de los demás sectores...

-Odlas... -Ruc me buscó con la mirada, implorando un salvoconducto para escapar de las cadenas reales. Y soy incapaz de negarle nada cuando sus ojos me suplican de esa manera-. Haz algo.

-Madre, Ruc y yo tenemos una cita programada para hoy.

-¿Acaso no han tenido suficientes citas en estos siete años?

-Ninguno en nuestro propio suelo. Estamos exhaustos, madre. Llévala mañana.

-Hijo, los mandatarios de los otros sectores exigen conocerla.

-Y yo la exijo en mi cama. ¿Quién pesa más en la balanza: ellos o tu único heredero?

-Tú, indiscutiblemente.

-Entonces ve y dáselos a entender.

El semblante de mi madre se tensó, mudando en un gesto agrio, aunque no le quedó más remedio que ceder terreno.

-Confío en que pronto visiten el laboratorio. Se están gestando experimentos fascinantes y quizás Ruc pueda aportar su conocimiento.

-Termina de salir, madre.

-Vaya carácter... Tenías que ser el vivo retrato de tu padre. Agradece que llevas mi sangre; a cualquier otro le habría arrancado la lengua por hablarme en ese tono.

En cuanto la puerta se selló tras ella, corté el flujo del sistema.

-Destra, desactívate.

-Desactivando...

Ruc cruzó los brazos al instante, erigiendo una barrera visible entre los dos.

-¿No le has dicho?

-¿Decirle qué?

-Sobre el año. Sobre tu promesa.

-Respecto a eso... Dicen que es de sabios cambiar de opinión.

-¡Tú me lo juraste! -protestó. Lucía deslumbrante incluso cuando la rabia la encendía, pero me obligué a mantener la cabeza fría: una discusión ahora arruinaría todo.

-Calma. Dije que era de sabios, no que yo encajara en esa categoría -repuse con una media sonrisa para aplacar su ira-. El trato sigue intacto. Pero mis padres deben mantenerse al margen. Sígueme el juego por ahora, por favor. Puedes buscar refugio en tus deberes si lo necesitas.

-Está bien...

-Destra, actívate.

-Activando. ¿En qué puedo servirle, alteza?

-Prepara el baño de Ruc y selecciona un atuendo digno para nuestra salida.

-Procesando solicitud.

...

En Destroy, los centros de esparcimiento son templos donde las parejas se cruzan, pero casi nadie se atreve a habitarlos. La mayoría de los destructores prefiere guardar distancia con sus mujeres: la tortura de tenerlas al alcance de la vista sin poder tocarlas resulta insoportable.

Yo, en cambio, elijo ese tormento mil veces antes que su ausencia. No concibo un universo donde no pueda ahogarme en sus ojos violeta, robarle sonrisas efímeras, respirar su aroma o sostenerla entre mis brazos de vez en cuando.

-No me canso de contemplarte -confesé, rompiendo el aire tenso de la mesa.

-¿Nadie te enseñó que clavar la mirada es una falta de respeto?

-En mi educación solo existió una regla: hacer mi voluntad.

-Te consintieron demasiado.

-Un poco.

-Pero miren a quién tenemos aquí... Vaya sorpresa.

Apreté la mandíbula y puse los ojos en blanco. Entre toda la escoria del reino, el destino tenía que cruzarnos precisamente con él.

-Desaparece.

-Qué forma tan deplorable de dirigirte a tu propia sangre. Compartimos el mismo rango.

-No te confundas. Mis padres gobiernan el imperio entero; los tuyos solo vigilan un pedazo de tierra.

-Odlas... -murmuró Ruc, conteniendo el aliento.

-Descuida, damisela. Mi primo siempre ha sido un inútil.

-¿Inútil? ¿Quieres probar en la arena qué tan inútil puedo ser?

- Estoy ocupado, no me hagas perder el tiempo.

-Cobarde...

- Te voy a aplastar, igual que en la infancia.

-¡Cuidado! -chilló Ruc.

Sin mover un solo músculo del torso, alcancé su muñeca en el aire con un movimiento sordo y preciso. Siempre tan predecible.

-Vete a entretener con tus bestias y no me provoques -lo empujé con desprecio, haciéndolo impactar contra el suelo. - ¿En qué estábamos?

-Quiero irme de aquí.

-Ruc...

-Por favor. Me aterra estar cerca de él.

Apreté los puños. Por esta ocasión, la cita tendría que quedar inconclusa




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