Planeta Ideal.

Capitulo 60

Odlas.
Los amaneceres siguen pasando, inflexibles, marcando el fin del plazo.

Todavía no logro asimilarlo. Las excusas se me han terminado, el tiempo se nos va de las manos y este sentimiento dentro de mí rehúsa apagarse. Rompí mi promesa y la culpa se ha vuelto un insomnio constante.

Ella, en cambio, se ve radiante. Cuenta los días para reunirse con ese humano, y ese pensamiento me destruye. Debería ser yo. Daría lo que fuera por usurpar su cuerpo aunque fuera un solo minuto; volver a sentir la dicha de besarla y recibir esa mirada cálida que guarda exclusivamente para él.

-¿Te sucede algo?

- No aguanto más -susurré, acortando la distancia entre los dos.

Ruc dio un paso atrás, alarmada.

-No voy a lastimarte.

Una certeza repentina disipó de golpe todo mi temor. La tomé del rostro y, por primera vez en ocho años, la besé. La besé con mis propios labios, sintiendo la suavidad de su boca. Esperaba el dolor, el chasquido del fuego, la agonía de la piel consumida... pero no hubo nada. Ni parálisis, ni quemaduras. Ella estaba intacta.

-¿Cómo lo hiciste? -murmuró con los ojos aún cerrados-. ¿Cómo es posible?

Me quité los guantes a tirones. Apoyé la yema de un dedo sobre su pómulo: ni dolor, ni marca. Posé la palma entera, sintiendo su piel tibia. Entrelacé mis dedos con los suyos y mi mundo no se destruyó.

-¿Sabes lo que esto significa?

-Eres... Yo soy...

-Eres mía, damisela. Mía para toda la eternidad.

Volví a buscar sus labios con desesperación, pero un empujón violento me derribó de espaldas.

El golpe seco contra el suelo me regresó a la realidad de golpe. Abrí los ojos mareado, al lado de mi cama. Ruc me miraba agitada desde arriba.

-¿Estás bien? -preguntó, extendiendo una mano para ayudarme a levantar, guardando la distancia justa-. Lo siento. Es que... estabas demasiado cerca y tú piel casi me...

Un sueño. Una maldita fantasía.

Tragué veneno y maldije en silencio. Me puse de pie y abandoné la habitación sin pronunciar palabra. Al cruzar el gran pasillo, mis ojos buscaron automáticamente la piedra del reloj central:

Año 7773, mes 24, día 28.

Doce meses. Solo me restan doce meses a su lado. ¿Cómo se supone que voy a sobrevivir sin ella? ¿Cómo seguir respirando sin ver su rostro, sin su mirada, su voz, su bondad, su temple? Ella es lo único que me importa en todo el universo. No quiero dejarla ir. No soporto la idea de que me deje.

-Cariño, ¿te pasa algo? -La voz de mi madre cortó mis pensamientos. La intuición materna nunca falla-. ¿Peleaste con la ramiana?

-Se llama Ruc -corregí entre dientes.

-¿Y qué ocurrió esta vez? ¿Mi pequeño Destructor ya no confía en mí?

-No peleamos. Y no quiero contarte lo que pasó.

..

El deber me reclamaba. Como futuro gobernante, debía inspeccionar los confines más remotos del reino, aunque la idea de alejarme de ella me carcomiera las entrañas.

En el patio de armas, la rodeé con los brazos de forma que el ropaje blindado evitara todo contacto directo. No quería romper el abrazo; era nuestra única forma de estar juntos, el único modo de sentir su calor sin arriesgar su vida.

-Ve con cuidado -pidió en voz baja.

-Te voy a extrañar.

-Yo también.

Una sonrisa tonta se me escapó de los labios. Me traicionaba la alegría, sin importarme la vista de los guardias.

-¿De verdad?

-Sabes que no puedo mentir.

-Sí puedes -insistí, buscando cualquier pretexto para escucharla otra vez.

-Caería desmayada al suelo antes de terminar la mentira.

-Si quieres que te crea, dímelo de nuevo.

-Te voy a extrañar. -repitió sin pestañear, mirándome de frente.

-Amo que no puedas mentir.

Llevado por el impulso, incliné la cabeza buscando su boca. Ruc, consciente del peligro mortal que eso representaba, giró el rostro al instante. Mi aliento chocó contra su mejilla.

-Voy a resolver todo rapidísimo y, cuando regrese...

-Se hace tarde -la voz de mi padre cayó como un hachazo de acero-. La encontrarás aquí cuando vuelvas. Vámonos.

-Fuego se quedará a tu cuidado -le dije a Ruc, estirando los segundos-. Si necesitas lo que sea, acude a Destra o a mi madre.

-Estaré bien.

-Te amo -susurré.

Le di un último abrazo, apretándola contra mi pecho, y me obligué a dar la vuelta.

HOLA MIS LECTORES.

Vengo a informarles que pueden seguir leyendo está historia en WATTPAD. La encuentran con el mismo nombre.

Aquí es el último capítulo que publicaré.

Hola




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