Capítulo 6: El Renacer del Artista
Así comenzó una nueva etapa en la vida de Lían. Los primeros días en el campamento fueron sumamente difíciles; el joven artista no estaba acostumbrado al rigor del trabajo en el bosque. Caminaba largas distancias bajo el sol, cargaba pesos extenuantes y aprendía a orientarse en la inmensidad verde.
Leo se convirtió en su maestro, enseñándole a escuchar el viento, a reconocer las huellas de los animales y a moverse sin alterar el entorno.
—Un buen cazador no solo usa armas —le repetía Leo constantemente—; también usa los ojos y los oídos.
Con el paso del tiempo, el cuerpo y el carácter de Lían se fortalecieron, y los demás cazadores empezaron a respetarlo porque jamás se rendía. Cada vez que regresaban de una jornada exitosa y vendían lo que conseguían, Leo le daba una pequeña parte del dinero que le correspondía. Lían guardaba cada moneda con un celo absoluto dentro de un pequeño saco de tela.
Una noche, mientras el grupo descansaba alrededor de la fogata, Leo lo vio contando sus monedas en la penumbra.
—¿Para qué ahorras tanto? —preguntó el veterano cazador, intrigado.
Lían miró fijamente las llamas danzantes antes de responder: —Quiero volver a pintar. Quiero comprar pinceles, pintura, lienzos... Quiero pintarlo todo de nuevo.
Leo alzó una ceja, escuchándolo con atención.
—Los bosques... los animales... los atardeceres... nuestras aventuras —continuó Lían, mientras el fuego iluminaba su rostro con un brillo renovado.
Leo sonrió levemente y asintió. —Entonces tendrás que ahorrar mucho.
Lían también sonrió por primera vez en meses. —Lo sé.
Desde ese día, cada experiencia en el bosque se volvió especial para él. Porque aunque ahora caminaba y trabajaba como un cazador más, en su interior, Lían seguía siendo un artista. Observaba todo a su alrededor con una atención minuciosa y profunda. Sabía que algún día volvería a tener pinceles entre sus manos y, cuando ese día llegara, plasmaría cada una de esas grandes aventuras en el lienzo.