PlatÓnico: Encrucijada

CAPÍTULO 7

Atziri llegó a la casa de Nora el domingo pensando que su amiga ya habría regresado del viaje. Tocó la puerta por un rato y al no obtener respuesta se dirigió hacia el patio trasero; se asomó por la ventana del cuarto de su amiga y con sorpresa vio a Lore revisando sus cosas, parecía buscar algo. Luego de acomodar lo que había movido, la mujer salió al patio. Había una bodega pequeña la cual prácticamente vació. Al no encontrar lo que buscaba llamó por teléfono a alguien.

–He buscado en cada rincón, no una sino varias veces y no está aquí. –Lore escuchó lo que le decía la persona al otro lado de la línea–.Te aseguro que el esposo de Nora nunca ha visitado la casa o hecho siquiera una llamada, es como si no existiera. Seguiré al pendiente por supuesto.

Atziri se marchó tratando de procesar lo que había escuchado. Dos cuadras adelante reparó en un vehículo conocido. Adentro, Efe y Nora se veían a los ojos, sonreían embelesados y se unían en un largo beso.

La chica sintió que le hervía la sangre, su amiga era casada y estaba ahí, besuqueándose con otro hombre. Ella era la razón por la que Efe la ignoraba. Decidió que la desenmascararía frente a él en el momento adecuado. Aún mejor, la descubriría frente a su padre, por fin entendía el por qué Juan Pablo la cuidaba tanto.

 

 

Nora durmió poco recreando los momentos vividos con Efe. Esa mañana, cuando habían despertado en la tienda de campaña, se besaron y permanecieron abrazados antes de que él reparara la llanta y se fueran a la otra comunidad. El resto del día intercambiaron miradas cómplices y besos suaves hasta el momento en que la dejó cerca de su casa, en el lugar habitual.

Al otro día temprano, la chica llamó por teléfono a Humberto.

–Doctor, hablo porque necesito faltar unas horas ya que requiero hacer un trámite en Mérida.

–Uff, es mal momento para pedir permiso ya que Efe estará fuera varios días y no puedo quedarme solo –argumentó Humberto preocupado.

–Está bien, dejaré mi asunto para otro momento, voy para allá. –Nora colgó intrigada pues no sabía que Efe se ausentaría.

Cuando se encontraron en el consultorio, Humberto agregó detalles sobre la partida repentina de Efe.

–Al parecer tuvo una emergencia y se marchó ésta madrugada. Me envió un mensaje antes de irse y a partir de ahí quedó fuera de servicio su teléfono, tal vez olvidó llevárselo.

Nora no entendía por qué Efe no le había avisado, era consciente de que no habían hablado sobre tener una relación pero quería entender que ya estaban juntos. Lo amaba y sentía que él también.

Ese y los siguientes días, la chica hizo un esfuerzo por concentrarse en el trabajo y el voleibol pero estaba distraída y realizaba las actividades de forma mecánica; ni siquiera notó el cambio que se había dado en Atziri, quien ya no la veía igual.

Pasaron 15 días sin noticias de Efe. Esperó en vano una llamada o mensaje, fuera de su número de celular local no tenía otro medio para contactarlo.

Casi había perdido la esperanza de que regresara cuando una mañana mientras corría por la playa se le acercó tocando su espalda. Dio un grito al verlo y se detuvo abruptamente.

–Sigamos corriendo –pidió él con una sonrisa.

Después de 30 minutos se detuvieron en un sitio alejado y solitario. Efe la besó hambriento.

–Te extrañé, estaba desesperado sin ti –le susurró al oído tocando su rostro y viéndola a los ojos.

Nora se soltó y le reclamó.

– ¿Por qué desapareciste así? Se bien que no somos una pareja oficial pero pudiste haberme dicho. Realmente estoy confundida.

–Lo siento, tuve una emergencia y no pude comunicarme pero ya estoy aquí. No te lo dije antes pero te amo, no sé qué somos pero me enamoré y no soporto estar sin ti. Por favor confía en mí.

Nora se dejó atrapar por los besos de Efe y no preguntó más.

 

 

Cada noche, después de algún partido de vóleibol o de convivir con los amigos, Efe y Nora se despedían y tomaban rumbos diferentes para más adelante encontrarse en la casita de él donde podían amarse en libertad.

–Nunca dejaré de quererte Nora, no podría vivir sin ti, eres tan bella por dentro y por fuera –decía él.

–También te amo Efe, no creí que se pudiera querer así. –Nora estaba atrapada por la belleza física y las cualidades de ese hombre maravilloso.

Atziri los siguió algunas veces y les tomó fotos besándose en la entrada de la casa.

 

 

Sin haberlo acordado, Nora y Efe mantenían su amor en secreto. Hablaban del presente, nunca del futuro o del pasado. Se sentían bien juntos, evitaban las explicaciones, reclamos o discusiones pues algo les decía que no podían perder el tiempo. No era sólo la atracción física, estaban sumergidos en un torbellino de emociones llamado amor. En el consultorio actuaban de forma profesional y frente a sus amigos se trataban con camaradería y respeto. Era en los viajes a las comunidades donde no necesitaban esconderse porque nadie los conocía. Ahí se tomaban de la mano libremente y actuaban como cualquier pareja.




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