¿ Podemos elegir otro papá ?

~12~

Rebecca estaba bastante segura de que ni siquiera sus padres, en sus mejores años de autoridad, le habían dado jamás un sermón tan largo y tan apasionado como el que estaba recibiendo de Brooke y Samuel. No estaban tristes. Tampoco decepcionados. Estaban furiosos, y eso, curiosamente, era peor.

La buena noticia (si podía llamarse así) era que podían desahogarse sin filtros porque Harry y Chloe no estaban presentes. Ethan había quedado oficialmente designado como niñero principal, aunque, dado que tenía a su cargo a cuatro niños (sumando a Ava y Eleanor), había solicitado refuerzos. Frederick, por supuesto, había aceptado ayudar sin hacer demasiadas preguntas, lo cual Rebecca agradecía profundamente.

—Es que en serio, Rebecca —bufó Samuel, caminando de un lado a otro de la habitación—. Cuando estabas buscando departamento te dije claramente: “espera un mes más, liberaremos el mío pronto”. Pero no. No me hiciste caso. Alquilaste algo carísimo y encima no lo vale.

—Gracias por recordarme que vivo en un lugar espantoso —respondió ella, cruzándose de brazos a la defensiva.

—No dije que fuera espantoso —se corrigió Samuel, respirando hondo—. Pero es un departamento pensado para una persona sola o turistas de fin de semana. No para una mujer con dos niños pequeños.

Rebecca frunció el ceño.

—Samuel, no iba a poder pagar el alquiler de tu departamento. Apenas puedo con este.

—No te iba a cobrar alquiler —replicó él—. Ni impuestos. Ni nada. Y menos aún si me decías que las cosas estaban tan mal.

—No quería caridad —se justificó ella, sintiendo cómo el nudo en la garganta comenzaba a apretar—. No quería preocuparlos. Ustedes tienen sus propias vidas. No pueden estar lidiando conmigo.

Brooke dejó escapar un suspiro suave y se sentó en la cama junto a Rebecca, rodeándola con un brazo.

—Eso no es caridad —dijo con voz más dulce—. Así funciona la amistad. Un día se ayuda a uno, otro día a otro. Cuando me quedé sola y embarazada, Samuel me sostuvo como nadie. Y sí, al principio me sentí fatal, como tú ahora. Pero luego las cosas mejoran… y una devuelve la mano.

—¿Y si mi vida no mejora? —preguntó Rebecca, con la voz temblorosa—. ¿Y si nunca puedo compensarles todo lo que hagan por mí?

Samuel dejó de caminar y se sentó también en la cama, del otro lado.

—Primero, tu vida sí va a mejorar —dijo con total convicción—. Y segundo, si no lo hiciera, que no va a pasar, igual no importaría. No te ayudamos para pasarte la factura dentro de cinco años.

Rebecca intentó contener el llanto haciendo pucheros, pero fue inútil. Las lágrimas llegaron igual.

—Becca —murmuró Brooke, acariciándole la espalda—. No puedes seguir con dos trabajos. Tienes que renunciar al bar.

—Mi departamento sigue libre —añadió Samuel—. Está completamente amueblado. La habitación que era de Ellie puede ser para Harry, la que era mía para ti y Chloe. Es grande, estarán mucho más cómodos que aquí.

—Lo sé —sollozó Rebecca—, pero no quiero someter a los niños a otra mudanza. Me siento una madre horrible.

—¿Madre horrible? —repitió Brooke, arqueando una ceja—. ¿Por cargar con todo tú sola? Entonces no sé cómo deberíamos llamar a Ian.

Samuel soltó una risa seca.

—Hay tantas opciones… y ninguna es amable. ¿Qué tan horrible hay que ser para provocarle urticaria a otra persona? Es casi un talento.

—Es un manipulador —sentenció Brooke—. Apenas vio la mínima posibilidad de que Rebecca pudiera estar feliz con otro hombre, apareció para hacerle sentir culpa y vergüenza. Es de manual.

—Frederick se ofreció a pagar abogados para demandarlo —dijo Rebecca, secándose la nariz con un pañuelo.

—Dime que aceptaste —pidió Samuel.

—Claro que no —negó ella—. Apenas lo conozco. Ya hizo demasiado acompañándome dos veces al hospital. Además nos invitó a desayunar a los niños y a mí y pagó todo.

—Eso es normal —dijo Brooke—. Él invitó. Pero si no quieres aceptar su ayuda legal, lo entiendo porque lo conoces hace dos segundos. Ahora bien, conmigo tienes muchísima confianza y vas a aceptar que pague los abogados necesarios.

—Y vas a aceptar el departamento —añadió Samuel—. Y si a Harry o a Chloe les falta algo, nos llamas.

Brooke asintió con firmeza.

—Somos sus tíos.

—Y de paso te ahorras verle la estúpida cara a Ian —concluyó Samuel—. Lo bloqueas y que se comunique solo con tu abogado.

Rebecca respiró hondo. Sintió cómo esa idea, que hacía unos días le habría parecido impensable, ahora comenzaba a acomodarse en su cabeza con una lógica casi reconfortante.

—Yo… creo que lo haré —asintió finalmente, soltando el aire despacio—. Pero por favor, denme unos días para descansar. Necesito explicarle a los niños que otra vez debemos mudarnos. Sobre todo a Harry. Además voy a tener que dejar estos muebles en casa de mi papá, será trabajo.

—Paso a paso —sonrió Brooke, con tono más sereno—. No hay apuro.

Rebecca apoyó la espalda contra las almohadas y se llevó una mano al pecho, haciendo una mueca exagerada.




Reportar suscripción




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.