
Narra Joshua
Una vez transcurridas las primeras clases, llegó la hora del recreo y Dani nos dijo que nos quería llevar a mí y a mi amigo Samuel a conocer mucho mejor la escuela para así no perdernos, lo cual aceptamos con gusto. La cantidad de salas que había en el lugar es impresionante; el patio donde podemos pasar el recreo también es muy grande, pero algo que sí me llamó mucho la atención fue el salón de ciencia, porque desde que tengo uso de razón siempre me ha llamado la atención y sobre todo recuerdo el increíble regalo que mi papá me dio el día de mi cumpleaños.
Flashback
4 años atrás
Papá: —Bueno, hijo, este es mi regalo, espero que lo disfrutes.
Joshua: —Lo abriré, papá —digo bien contento mientras abro el regalo y veo que se trata de un microscopio—. Guau, papá, está muy bonito, no pensé que lo pudieras comprar.
Papá: —Desde que me contaste que ya sientes una pasión por la ciencia, pensé que esto podría ser el regalo perfecto para ti, y un comienzo para que descubras todos los misterios que lo envuelven.
Joshua: —Papá, en serio que estoy muy feliz por este regalo.
Papá: —Siempre recuerda una cosa, hijo; lucha siempre por tus sueños, porque tú siempre vas a lograr lo que te propongas.
Joshua: —Así lo haré, papá, te lo prometo.
Papá: —No me lo prometas a mi hijo, prométetelo a ti mismo.
Fin del flashback
Yo seguía aún en mis pensamientos y no me había dado cuenta de que ya habíamos llegado al patio del recreo y Dani me sacó de mi trance.
Daniel: Joshua, ¿te encuentras bien? —me dice Dani con preocupación en su mirada.
Joshua: —Sí, Dani, discúlpame, es que no pude evitar recordar momentos con mi papá después de haber visto el salón de ciencias —le dije a Dani con un tono de tristeza.
Daniel: —¿Y por qué razón?
Samuel: —Lo que pasa es que Joshua perdió a su padre y la gran coincidencia de la vida es que en ese tiempo yo perdí a mi madre, y fue así como nos conocimos e iniciamos nuestra amistad. —Pude ver en el rostro de Dani tristeza por lo que dijo Samuel, y, aunque se veía así, no pude evitar yo sentirme también apenado por ver a Dani de esa manera; y no lo entiendo.
Daniel: —Vaya, lo siento mucho, no debí preguntar eso, discúlpenme los dos.
Joshua: —Tranquilo, Dani, que no tenías manera de saberlo, pero ya mejor cambiemos el tema, y debo decir que esta escuela es mejor de lo que creí.
Samuel: —Sí, amigo; concuerdo contigo en eso.
Daniel: —Sí, este es uno de los mejores colegios de la ciudad, así que créanme que los trajeron al mejor lugar —dice Dani ya con un tono más alegre, lo cual a mí me tranquiliza porque no me gustaba para nada verlo apenado.
Joshua: —Y vaya que tienes toda la razón en eso, Dani.
Daniel: —Aunque debo decirles que no todo es bueno tampoco, hay igual ciertas cosas malas también —dijo Dani preocupado, lo cual hizo que me preocupara también a qué se estará refiriendo Dani.
Samuel: —¿Cómo cuáles? Por ejemplo.
Daniel: —Pues verán… —Antes que Dani pudiera decirnos más, veo que llega un niño que era mucho más alto que nosotros, y que no lo vi en nuestro salón, así que no debe ser de ahí, y vaya, también tenía una apariencia muy intimidante. Algo me decía que esto no podía ser bueno.
¿?: —Vaya, así que no son ustedes los nuevos y, por lo tanto, mis nuevas víctimas para molestar.
Daniel: —No te metas con ellos, José Luis; no te han —antes que Dani pudiera terminar de hablar y sin que yo me diera cuenta, ya ese tal José Luis agarró rápidamente de la camisa a Dani, lo cual hizo que me asustara bastante.
José Luis: —A ver, marica, tú no me dices a mí lo que tengo que hacer; acaso no has tenido suficiente con las palizas que te he dado; ¿quieres más? —A pesar de lo asustado que me sentía, yo no iba a permitir que lastimara a Dani, así que rápidamente lo enfrenté.
Joshua: —Ya déjalo en paz —dije con valentía y seguridad—; no sé quién eres, pero a ti no te hemos hecho nada malo.
José Luis: —Pero mira, el nuevo sale a defenderte; ¿será acaso tan marica como tú? —dijo en tono de burla, lo cual hizo que me enfadaras más y lo volví a enfrentar.
Joshua: —Te dije que lo dejaras en p —y no pude terminar de hablar, ya que rápidamente sentí que me dio un golpe en la cara, lo cual me hizo caer al suelo.
José Luis: —Eso es para que aprendas a no meterte donde no te llaman, y mejor prepárense que esto recién empieza —dijo con un tono de arrogancia, por lo cual después se retiró y rápidamente mi amigo Samuel se acercó a mí para saber si estaba bien.