
27 de mayo del 2021
Narra Joshua
Yo, la verdad, en estos momentos no me sentía nada bien, ya que estaba a punto de recordar otros de los días más terribles de mi vida, donde no solo pensé que perdería la vida, sino que también vi con mis propios ojos cómo se iba otra.
Joshua: —Ese día, amigo, te juro que estaba cara a cara con la muerte; jamás la había sentido tan cerca —decía mientras me tomaba otra copa de cerveza.
Samuel: —Te creo, amigo, y lo peor de todo eso es que mucho no pudimos hacer, pero tampoco nos quedamos de brazos cruzados, y entre todos cooperamos para poder rescatarte, amigo —y en eso sí estoy completamente de acuerdo; otra historia hubiera sido si no hubieran estado ustedes.
Joshua: —Y hasta el día de hoy, en serio que estoy muy agradecido de eso, amigo, porque, como les digo, si no hubiera sido por todos ustedes, el día de hoy de verdad no estaría vivo.
Samuel: —Pero déjame adivinar: lo que pasó ese día aún te pesa; no es así. —Y ahí, si mi amigo atinó completamente, intenté servirme otra copa, pero rápidamente Samuel me detuvo.
Samuel: —Suficiente, amigo, que pretendes volver a recaer, y ya no te hagas más daño a ti mismo; entiende que nada de lo que pasó ese día fue culpa tuya.
Joshua: —No puedo evitarlo, amigo, porque ese día se perdió una vida, y yo me siento responsable hasta el día de hoy de eso, porque esa bala era para mí. —No pude evitar sentirme mal cada vez que lo recuerdo; tuve muchas pesadillas por un tiempo, y después varias cosas se me fueron acumulando en la vida, lo cual finalmente me llevó a tomar.
Samuel: —Comprendo la enorme carga que habrá significado para ti eso, amigo, pero ya no se puede hacer nada; tú ya te habías recuperado del alcoholismo; no dejes que todo ese esfuerzo haya sido en vano, y además ya han pasado muchísimos años desde que eso pasó; no puedes seguir culpándote por eso. —Yo sé que Samuel tenía toda la razón, pero era más fácil decirlo que hacerlo.
Joshua: —Ojalá fuera así de fácil, amigo, pero el pasado siempre será una carga para uno, y lo único que podemos hacer contra eso es aprender a vivir con ello.
25 de agosto del 2001
Narra Joshua
Yo estaba muerto de miedo y además derramando lágrimas por todo lo que estaba pasando.
Joshua: —¿P-por qué nos haces todo esto?, ¿qué te hemos hecho para que nos hagas tanto daño? —decía muerto de miedo.
Joaquín: —Mira, marica, no es nada personal, la verdad, pero ¿qué se le puede hacer? Lamentablemente, tu padre tuvo la mala suerte de tener una gran fortuna y yo fijarme en ella, y matarlo resultó ser mucho más fácil de lo que pensé. Simplemente vi que estaba durmiendo en su pieza, me infiltré en la casa sin que tu madre lo notara y le inyecté una sustancia que le provocó un paro cardiaco y lo mejor es que no deja rastros, así de fácil fue, pero tengo que admitir una cosa, era mucho más astuto de lo que pensaba, porque resulta que había dejado un testamento donde decía claramente que su primer hijo sería el heredero de toda su fortuna; en otras palabras, te dejó todo a ti, así que matarlo no sirvió de nada. Así que tuve que pasar al plan B de casarme con tu mamá; de esa manera, estaría cerca de ti y, en el momento que menos lo esperabas, te iba a eliminar, marica. —La frialdad y maldad en que confesaba su crimen me dejó completamente helado; definitivamente, este monstruo no tiene corazón.
Joshua: —Ósea que todo este tiempo siempre fue por el maldito dinero; eres un monstruo, que lo único que le importa en la vida es el dinero y, sin importar a quién te lleves por delante para lograr tus objetivos, me das mucho asco.
Joaquín: —Mira, Marica, no me provoques, que no quiero matarte todavía; es cierto que al principio quería hacer todo esto bien rápido y sin dolor, pero te digo una cosa: después de todas las veces que has intentado desafiarme, le he tomado mucho gusto a todo el daño que te he hecho; así me quiero divertir un poco más contigo antes de mandarte al otro mundo.
Joshua: —Eres un enfermo, y te juro que de alguna manera vas a pagar por todo lo que has he… —No pude terminar de hablar porque me pegó en la cara con el arma.
Joaquín: —Te juro que esa valentía e insolencia que tienes muy pronto se va a terminar, maldito marica.
Narrador omnisciente
Mientras Eliot estaba saliendo de su habitación y no sabía qué hacer, si debía pedir ayuda o simplemente enfrentar a su padre por todo el mal que ha causado, y aunque seguramente muchos habrían escogido la opción de ir a pedir ayuda, Eliot se armó de valor y fue a la habitación a enfrentar a su padre, abriendo la puerta del lugar.
Joaquín: —Hijo, pero ¿qué haces aquí? —dijo Joaquín, sorprendido.
Eliot: —Ya basta, papá, es suficiente; escuché de tu propia boca todo lo que has hecho, sé que me has dicho siempre que debemos hacer lo que sea para lograr lo que queremos, pero matar para lograrlo, no lo puedo creer, yo no quiero convertirme en un monstruo como tú, una persona sin corazón. —Joaquín no podía creer lo que su propio hijo le estaba diciendo a la cara; sin duda, todo el mundo tiene su talón de Aquiles y en este caso el de Joaquín era ser juzgado por su propio hijo. —Detente inmediatamente, papá, o de lo contrario seré yo mismo quien te denuncie a la po… —Eliot no pudo terminar de hablar, ya que su padre le dio una bofetada.