Días después
Narra Joshua.
Pasaron los días, y la verdad, esta semana no fue nada sencilla. Primero que nada, tuve que decirle a Alicia así de imprevisto que Elías tendría que quedarse aquí porque mi tío me había pedido ese favor. Gracias a Dios, para Alicia eso no fue ningún problema porque le encantan los niños, y Elías simpatizó al tiro con ella. Entonces se preguntarán cuáles son las malas noticias que les estoy diciendo, pues que, a pesar de que intentaba acercarme a Dani para explicarle que todo fue un malentendido, no quería escucharme. Traté de todas las maneras posibles, pero no quería hacerme caso, y eso también me estaba bajoneando mucho a mí.
Pensé que durante esta semana nada iba a cambiar hasta que llegó el día viernes y no solo las cosas cambiaron, sino que además me iba a enterar de una impactante noticia.
Estábamos saliendo todos de clases cuando de repente todo mi grupo de amigos se acerca a mí, y puedo ver de inmediato que tienen como una actitud sospechosa, y no solo de ahora, sino desde casi la mañana de hoy, como si me estuvieran ocultando algo y que seguramente ahora me dirán.
Samuel: —Joshua, tenemos algo muy importante que hablar contigo —me dijo Samuel directamente y, por lo que veo, mis sospechas son ciertas.
Joshua: —No crean que no me he dado cuenta; han estado con una actitud muy sospechosa. Ya díganme qué quieren decirme —dije directamente, pero todavía podía ver cómo todos estaban nerviosos, y no entendía el porqué.
Alex: —Es que no es algo tan fácil de decir, Joshua, y estamos preocupados de cómo puedas reaccionar. —Ahora sí que no entiendo nada de cómo pueda reaccionar. ¿Se tratará de algo grave, acaso?
Joshua: —P-pues ya no le den más vueltas, que me están preocupando, díganme de qué se trata —dije algo nervioso.
Leo: —Es que descubrimos algo horrible acerca del matón de José Luis, algo grave que hizo y que te implica directamente a ti, Joshua. —Me estaba empezando a asustar por dentro; nada de lo que venga de José Luis es bueno, y eso todos lo sabemos muy bien.
Joshua: —Y-y q-qué fue lo que d-descubrieron —decía ya algo asustado.
Cyrus: —E-eso lo hice yo, Joshua. Es que estaba de camino al baño cuando escuché a José Luis hablando con sus matones, y estaban mencionando una especie de venganza que había hecho en contra de ti, Joshua. Entonces rápidamente me escondí y saqué mi celular con mucho cuidado para grabar la conversación, y bueno... creo que será mejor que lo escuches por ti mismo, Joshua. —En eso Cyrus saca su celular y reproduce el audio, y yo me quedé completamente helado; José Luis estaba confesando de manera descarada que él fue quien envenenó a mi gata Sochie y que por su culpa casi la pierdo para siempre. En ese momento, todo el miedo que estaba sintiendo desapareció por completo y solo me invadió la rabia y el rencor. No lo pensé dos veces y fui a enfrentar a José Luis, a pesar de que mis amigos me pidieron que no lo hiciera.
En el momento que vi salir a José Luis, traté de aforrarle tremendo combo, pero rápidamente sus matones me detuvieron.
Joshua: —MALDITO COBARDE, DILES A TUS PERROS QUE ME SUELTEN Y PELEA COMO LOS HOMBRES —decía completamente furioso.
José Luis: —Ah, sí, ¿y se puede saber de dónde salió esta valentía tuya así de repente, marica? —me decía de forma cínica, y eso solo hizo enfadarme más.
Joshua: —QUE YA LO SÉ TODO, SÉ QUE ESTUVISTE DETRÁS DEL ENVENENAMIENTO DE MI GATA SOCHIE, Y TE JURO QUE EN ESTE PRECISO INSTANTE ME LAS VAS A PAGAR —decía fuera de control y seguía sin poder liberarme de los matones de José Luis.
José Luis: —Pues, si crees que te voy a dejar así como así para que divulgues una tontería como esa, estás muy equivocado, marica, y bueno, ¿qué esperan? Denle una paliza que nunca olvidará —y justo cuando los matones de José Luis se disponían a darme una paliza, pasó algo muy inesperado: rápidamente todos mis amigos se empezaron a lanzar contra ellos, dejándome libre, y ahora sí que no iba a permitir que José Luis se escapara.
Joshua: —Ahora sí que somos solo tú y yo, José Luis, y esta vez no tienes escapatoria. Voy a hacerte pagar muy caro por lo que hiciste —dije decidido.
José Luis: —Pues no sabes cuánto tiempo esperé esto, marica; ahora sí que de esta ni Dios te salva. —Y antes de que incluso José Luis se diera cuenta, me lancé en contra de él y empezó nuestro combate.
Nos aforrábamos combo tras combo, y ninguno de los dos quería ceder, pero tengo que admitir que yo era el que se estaba cansando primero, pero José Luis no cedía en absoluto; aun así, no pensaba rendirme.
José Luis: —Veo que eres más resistente de lo que pensé, maldito marica, pero ya vas a caer, y ahí sí que tendré tu vida en mis manos. —Y justo cuando José Luis estaba dispuesto a atacarme, de la nada apareció Dani. —Se puede saber quién te avisó para que te entrometieras; mejor quítate del camino, si no quieres también recibir tremenda paliza.