Podría ser por casualidad.

Prólogo.

El característico ruido de la sociedad, inunda mis oídos como de costumbre. El ruido de las taquillas, los pasos apresurados de aquellos que llegan tarde a sus clases, aquel grupo de chicas hablando de lo sucedido en su fin de semana o los tres chicos que corren como animal por el campo, tirándose la pelota por el pasillo.


Y yo, como la mayoría de días, apoyada en mi maltratada taquilla, viendo a todos mientras espero a que el timbre anunciante de la siguiente clase interrumpa mis pensamientos.


Creo ser la persona más silenciosa del pasillo hasta que mi vista se fija en la persona situada entre las taquillas 122 y 124, deduzco gracias a mis grandes dotes matemáticos - Nótese la ironía.- que la taquilla que posee esa persona, es la 123.


No estoy segura de haberle visto alguna vez, tampoco suelo fijarme mucho en las personas relacionadas con este instituto. Solo con mi hermano, el cual es tres años menor que yo. Volviendo a centrar mi atención en esa taquilla, me la encentro cerrada, solitaria, y con la reluciente placa con el numero 123 a plena vista.
Mi ceño se frunce al percatarme de la reciente ausencia y con gran confusión, busco con la mirada entre la gran multitud de personas. Ha desaparecido.


Antes de que pueda centrarme más en como se ha esfumado sin dejar rastro, el timbre interrumpe todo el ruido del que había desconectado por unos segundos.


Me giro inmediatamente hacia mi taquilla y de esta saco un estuche azulado, algo pesado, el cual contiene algunos pinceles de medidas diferentes para clase de arte.


Rápidamente cierro mi taquilla, la 106, dado que llego tarde. Estuche en mano y aun con rapidez, bajo todas las escaleras de dos en dos.


Al llegar a la clase de arte, ya todos estaban sentados en sus respectivos asientos. Me dirijo a mi pupitre, situado en el centro de la segunda fila y escucho las indicaciones de la profesora sobre que haremos hoy.
Desconecto durante gran parte de la clase, y me doy cuenta de ello cuando la profesora ordena que recojamos todo lo que habíamos usado para trabajar, dado que en breve sonaría el timbre, como señalización del cambio de clase.


Entonces, cuando miro el lienzo en el que había estado trabajando, me quedo en blanco. Se distingue a la perfección bajo la placa de la taquilla 123, una figura que solo recordaba haber visto en una ocasión.


Sigo de piedra, observando los mechones de color azabache con alguna que otra mecha azul marino, cayendo por los hombros de aquella chica a la cual aun siquiera había visto el rostro. Sigo el camino dibujado por los mechones de la joven hasta llegar a la altura de sus caderas. No recordaba haberme fijado en ello, pero también he dibujado su camiseta de color marrón grisáceo, con la cual, teniendo en cuenta el frio casi primaveral que aún hace en pleno marzo, no se como no tiene frio.


- Recordad firmar vuestros lienzos, mañana ya estarán expuestos en los pasillos del instituto. - Habla la profesora y creo entrar en pánico, no recordaba haber escuchado que estos trabajos iban a ser expuestos.


Antes de que nadie pueda ver mi desconcertante obra, firmo esta como ``Anónima´´ y la dejo con las demás, saliendo inmediatamente de la clase, como si escapase de la escena del crimen. Cosa que en realidad, es así. No sé en que estaba pensando.


Muy bien, Nerea, de verdad pareces idiota.



Anna Marín.

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Editado: 08.03.2019

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