Todos son tan falsos cuando usan máscaras,
todos, con cuentas falsas, son dioses.
Mientras los mensajes de odio llegan a mí,
es triste decirlo, pero soy
lo que más odian decir.
Pueden hacer bromas sobre mis normas,
pueden mentir para ser un poco más felices,
pero estoy en un punto de catarsis:
tuve que ir al infierno para decir que sí.
Me lastimó su cruel intento.
Me escondí en la poesía
para no darles cabida,
muriendo para parecer
que me dio igual perder.
No soy el demonio que han pintado,
soy el rastro de todos los insultos.
Me enamoré de alguien que se aprovechó,
se aprovechó de mis arrebatos.
Pero con los recuerdos manipuladores
y las trampas de falsificadores,
yo no me iré de aquí fácil:
les voy a demostrar que no soy así.
Cuando dije que quería cumplir mi metamorfosis
fue cuando fui feliz por fin, tan simple: reír.
Pero caí de las alas y rompí la cadena muerta
cuando dije que esto era liberarme;
solo mentí para escaparme.
Cada amistad rota tiene fuerzas de la tumba.
De ese grupo me han expulsado
por fallar ese santo tratado,
pero no me dejaré vencer:
sus insultos no me los voy a creer.
Porque no soy un farsante
y esto no me es fácil de creer,
porque recuerdo momentos de ellos,
amigos que creí que me querían.
Me acuesto en esos recuerdos,
me río sintiéndome ellos,
porque cada persona que me defendió
tiene de mí todo mi amor.
No me iré, este libro lo sacaré.
Me iré al infierno por dieciséis años,
me insultarán por atreverme a hablar,
pero esto me puede salvar
o me puede terminar de matar.