Tuve un sueño anoche de ti,
quizá el dolor era para mí.
Y el mundo me odiará por amar,
pero es lo que tengo que afrontar.
Me siento usado y desechado
por tus expectativas de un desierto,
donde me imaginaste un oasis,
pero morí de sed por tu parte.
Ya no puedo ver tus ojos hacer historia,
ya no puedo ver tu corazón romperme,
limpiando el suelo del desierto conmigo,
destruyéndome para hundirte al vicio.
¿Me amabas, o amabas fumar a la madrugada?
Recuerdo haber perdonado tu intento injustificado,
recuerdo tapar el hoyo del olvido con mi silencio.
Y tú, con tu copa de vino, dejando el fuego lento
ardiendo en las llamas para ver si es cierto
que el amor es un nuevo terror moderno.
Tus palabras grotescas cuando estás drogado
nunca las sacaré de mi cabeza,
de mi corazón que lo perdonó.
Por amar, no merezco el perdón.
Si intento huir en mi caballo de seda,
se cansará cuando menos lo espere.
Me moriré en el silencio de su cuerpo,
me sentiré sucio por anhelar su beso.
No me necesitas, necesitas drogas para ser feliz.