¿Cuándo es que mis palabras se voltearon,
se volvieron musas malditas mías,
dando sus aplausos a la lira y poesía
que inundó toda mi luz y mi guía?
Yo les diré a todos que estoy bien,
ya pronto lo lograré superar.
Aún soy joven, lleno de vida,
solo tengo dieciséis años.
Pero estos años se han llevado propósitos
y no puedo esconder el derrumbe emocional,
y sé la causa de algo tan irracional y crucial:
me lamento por tomar fluoxetina sin callar.
Y las personas pasan y pasan en este mundo,
lleno de oportunidades para los atentos,
pero nací con la presión de tenerlo todo
cuando no alcanzo ni un poco de oro.
Este lugar es nuevo para todos aquí,
todos esconden los problemas con maquillaje;
otros se operan y otros leen hasta sangrar,
todos buscan la mejora para no ahogarse al final.
Ellos dicen que llegará la felicidad,
dicen que cuando menos lo espere
lo sentiré en toda mi piel,
será como vivir para un nuevo bien.
Puede que se equivoquen
y que el tiempo les juegue muy mal,
pero quiero que este dolor no ocurra,
solo debo callarme con la santa locura.
Porque no he sentido la felicidad
desde que todos mis amores fueron uno
y todos mis amores se fueron lejos.
¿Qué puedo decir de mi vida,
si soy el fruto de un amor que fue mentira?
No siento que la felicidad me persiga,
y mis brazos arden por pulseras que no son mías,
y yo hubiera dado todo por saber cómo
se sentían mis amores en mi piel y ojos.
Tantas veces que enamoré su paciencia,
admirando cataratas caer de su cabello,
con sus anacrónicas palabras serias
y su numinosa manera de hablar por mis elegías.
Me enamoré de su sombra ida
y de su manera patética de terminar,
porque sentí que no me quería amar,
pensé que era una simple broma más.
Me esconderé en la poesía
para alcanzar una melodía,
para despertar ahora sí de día,
para decir que solo fue una cirugía,
olvidar todo lo que fue en mi vida.
Quizá la felicidad no llegará hacia mí,
quizá todo este tiempo
la felicidad yo ya la perdí.