Dame las cartas y las pastillas falsas
para mirar mi alma muy destrozada.
Dime algo muy desagradable,
como si fueras un escritor
en un traje de abogado de finanzas.
Odio vivir en toda tu agonía.
Haré un viaje a otro lugar, lejos de aquí,
para soportar tu falsa elegía de vivir,
el triste intento hueco de sobrevivir.
Buscando huellas falsas en tus retratos,
solo hay manchas de pinturas en tus manos.
Eso me destrozó,
porque creí que mis retratos los hacías tú;
que quizá todo este tiempo
pintabas mi sombra con tu luz.
De tu vida, de la de todos, me iré.
Guardo todos tus susurros
como pequeñas lupas del tiempo:
tan difíciles de encerrar,
tan rápidas de extrañar.
Fueron los payasos los que lloran
y los melancólicos los que ríen,
unidos por un solo hilo de cordura.
Traté de encajar en tu escultura.
Los detectives buscan lo que nunca dije,
pero guardaré mis derrotas y deseos,
esos que cayeron al final de los hechos,
y los conservaré al borde del infierno.
Intentaré saber cómo dar mi primer intento.