Sabes que soy prisionero de tus besos,
por eso ahora me siento incompleto,
capturado en tu desvelo y sueño,
atrapado en el tiempo que muere lento.
Me siento herido por ti,
por amarte demasiado,
y no digas que es un poema
ese sentimiento que me inquieta.
Me hacías temblar así,
como la luna que no toca el agua,
y entonces me soltaste
para aferrarme solamente a tu mirada.
Quizá en ese beso que nunca existió
nos hubiéramos conocido mejor,
quizá fue solo la tragedia de un amor
que nos trajo aquí sin perdón.
Y entonces, en tu silencio,
fue cuando yo te conocí:
tan cruel y tan falso
el intento de perder tu sabor.
Te veo desde el espejo como fantasma.
Cuando conocí tu vaivén de sentimientos,
me aferré a tu boca como un misterioso
para ocultar mi triste misterio, mi duro criterio.
Cualquier fuga de luz era el miedo natural
de perder el miedo espiritual de tu vida,
pero me pudiste matar para el final.
Fui prisionero de tu reflejo
y finalmente me fui a tiempo.