No quiero perder todo lo que sé de ti,
pero siento que las buenas cosas
son las que siempre se van a acabar,
y mis metas están lejos de mi hogar.
Esas cosas buenas las destruyeron,
y el dolor es de palabras que me hirieron.
Quizá el mundo se caiga a pedazos,
pero sabré que fuiste tú quien me hizo daño.
Y es una elegía para mí mismo: superar,
dejar tu recuerdo acá y saber escapar
de este colegio que nos juntó y separó.
Algún día entenderás quién de verdad hirió.
Mis metas de dejar el recuerdo no están acá,
por eso es que me voy lejos de casa, al más allá,
para olvidar el mal que causó recordar tu huella,
luego de enseñarme a no tenerte nada de pena.
Quizá, en algún lugar profundo de tu memoria,
y en algún otro lugar profundo de mi poesía,
aún tenemos guardadas aquellas buenas cosas
que me hicieron pensar en ti como una prosa.
Quizá amarme fue la razón por la que no lo hacías,
o quizá hubo una fuerza invisible que te alejó.
Pero recuerdo saber quién me hirió por un año:
fue el recuerdo de querer abandonar el pasado.
Necesito los amigos que dejé en el colegio,
pero, en ese caso, te odiaría incluso más a ti,
porque has destrozado cada parte de mi corazón.
No te lo doy si me escribes por un perdón.