La dulzura de la hierba alta
me dan ganas de huir de todo.
Y el violín de un hombre ciego
me da la píldora y olvido de nuevo.
Me siento utilizado por el mundo,
como si fuera ignorado pero necesario.
Pero es mi cruel responsabilidad,
porque mi corazón es fácil de llevar.
No poder olvidar es el costo
de una persona que lo daría todo
por ser recordado y aclamado,
y, sobre todo, querido y amado.
Mi vida fue un lugar muy especial
donde la gente se sabe desahogar.
Y mis manos son súplicas en silencio,
porque el dolor lo narran en cuartetos.
Pero mi corazón nunca ha sido mío,
es un lugar acogedor para el mundo.
Es por eso que dejan tantas cosas ahí,
pero luego se van dejándome aquí.
Cada paso es una manera de escapar,
y mi vida se ahogó en las risas de los demás.
Y yo, ser de carne y muchas preguntas,
sé muy bien lo que es resistir cuando se necesita.
En un mundo cruel, los actos de amor
que dejan en mi cama y mi piel
son la revelación de que no existe el error:
mi vida se resume en un verso de canción.
Mi corazón acogedor es un lugar de desesperación.
Resulta que siempre tuve la culpa de perder,
porque mi corazón aprendió a abrir la puerta,
pero nunca a pedir algún tipo de respuesta.