Mi amor, hola, extraño tu calma,
pero siento que tú la recuerdas de otra manera.
Me haces elegir entre el miedo y el regreso,
pero, mi amor, solo eres mi antiguo salón.
No te puedo olvidar.
Mi amor, no te vayas, por favor,
solo un momento más de quedarse
y un momento menos de irse.
Ahora husmeo como fantasma los recuerdos vagos,
como si no hubiera manchado mi polo con un adiós.
Estoy solo,
y lo seguiré estando.
Cuando las tormentas llenen de ideas mi cabeza
y mis sacrificios vengan de tu recuerdo,
no confiaré en nadie más,
porque estaría confiando en ti.
Perdón por haber hecho tantas cosas mal.
Quizá el problema siempre fui yo,
y estoy seguro de que cuando nos volvamos a ver
te daré la disculpa que mereces.
Porque perdí mi tiempo,
mi nostalgia y mis recuerdos,
pero, mi amor, me diste la valentía de ser quien soy.
Mi amor, sé que este adiós sí es de verdad,
y la soledad me llegará a matar.
Pero extraño tanto de ti,
como si fueras una gran parte de mí.
Mi amor, extraño todo de ti,
pero dejé todo mi sentimiento contigo.
Y no volvió ni se perdió:
simplemente, acepté el adiós.