Este año es una vez más diferente al anterior,
la casa se siente más vacía que de costumbre, sin color.
No porque falte una persona de gran valor,
esta vez son dos ausencias las que nos llenan de dolor.
Aquellas disputas sobre dónde celebrar,
ya no están, pues esa alma obstinada en su andar
no pudo terminar el año en nuestro hogar,
pero en nuestros recuerdos siempre vas a estar.
Tras tres años pudimos al fin pronunciar
un "Feliz Año" a quien dejó su lugar.
Este año, tú te fuiste con ella a celebrar,
allí donde las almas pueden descansar.
En ese reino donde reina paz eternal,
donde el tiempo se detiene y nada hace mal,
juntas celebran ahora el ritual final,
libres de penas en un abrazo celestial.
A la primera la recordamos sin cesar,
cuando al sofá frente a la ventana vamos a mirar.
Allí solía sentarse, quieta en su lugar,
y su silueta aún parece el espacio habitar.
A la segunda la evocamos al pasar
por esa habitación que fue tu hogar.
Ahora vacía, nos hace suspirar,
pues tu presencia no podemos ya encontrar.
Dijiste que al partir querías ser libre al volar,
ahora las palomas vienen cada día al jardín a posar.
Símbolo de tu espíritu que vino a visitar,
plumas blancas que tu libertad vienen a anunciar.
La otra quería que todo lo que amó prosperara sin final,
ahora hay una nueva vida luchando por ese ideal.
Su legado continúa en este mundo terrenal,
un brote nuevo que honra su memoria ancestral.
Este año despedimos diciembre con un vacío especial,
sabiendo que estás con quien más te quiso de verdad.
Nosotros nos quedamos aquí, mirando el cielo sin igual,
las estrellas brillan con su luz de eternidad.
Pensando en ustedes bajo este manto celestial,
porque nunca los olvidamos, su recuerdo es inmortal.
Dos sillas vacías en la mesa de Navidad,
pero dos estrellas más brillando en la inmensidad
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Editado: 28.12.2025