Poemas del Viajero del Velo

El Niño Que Alzó Su Escudo

El niño que alzó su escudo

En la torre sin cielo donde dormía el miedo,
la reina solía llorar en silencio
mientras el dragón vestía de hombre
y escupía fuego entre cenas y rezos.

El castillo era un cuarto sin luz,
el trono, una silla vacía.
Y el rugido —esa costumbre—
se sentaba a la mesa como un huésped fijo.

Pero el niño,
el pequeño,
el que jugaba con espadas de almohada
y coronaba a su madre con besos,
un día dejó de jugar.

Porque vio a la reina encoger su corona
y esconder su voz en el cajón de la culpa.

Así que forjó su escudo con dibujos rotos
y ató una capa con hilos de rabia.
No dijo nada,
pero se plantó entre el dragón y el alma herida.

No gritó.
No lloró.
Solo sostuvo la mirada
como se sostiene el mundo cuando tiembla.

Y el dragón,
ese monstruo que nadie llamaba por su nombre,
retrocedió.

No porque el niño fuera más fuerte,
sino porque era el único que no temblaba.

Desde entonces,
el castillo aún huele a cenizas,
pero la reina vuelve a soñar despierta.
Y el caballero —sin armadura—
vigila desde el pasillo,
como quien sabe que el amor
es el verdadero escudo.



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En el texto hay: fantasia, fábulas poéticas

Editado: 15.04.2026

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