Se van muriendo las últimas luciérnagas
que guiaban en la oscuridad,
me invade el miedo de ser parte de la nada.
Siento el vacío en el pecho,
ahogando mi voz,
una voz que no llega a oídos ajenos,
corro hasta que me duele el cuerpo,
llegando a ninguna parte.
La nada gamma terreno,
soy yo quien se vuelve pequeño,
corro hasta quedarme sin aliento,
incapaz de gritar,
débil y en silencio, me consume el tiempo.