Al despertar por la mañana,
no hay tregua con mi ayer,
ninguna meta ha sido lograda,
y la vida se plantea en cada paso.
El peso de los sueños no cumplidos,
la sombra de lo que pudo haber sido,
el eco de las oportunidades perdidas,
se entrelazan en mi camino incierto.
Cada aurora trae consigo
el desafío de recomenzar,
de levantarme y seguir adelante,
aunque el fracaso parezca acechar.
En cada amanecer y en cada atardecer,
se entreteje la danza de lo posible,
la promesa de un nuevo comienzo,
la oportunidad de escribir un destino diferente.
La razón de ser nunca se queda atrás
somos ella al caminar.