A-mor
Y lo bonito de estar en las redes del amor, en pareja,
es que tu manera de amar puede fluir sin temores.
Puedes llamar “amor” a alguien más,
decir tantas cursilerías,
encender corazones en tinieblas,
devolverle el brillo a corazones opacos
Puedes disfrutar de que tu nombre
Se resuma en dos silabas “a-mor”.
Y eso es lo que extraño:
que pierda mi nombre
para que este se convierta en “mi amor”.
Que pierda el temor en tu regazo,
que mi cuerpo aprenda a reconocerte
incluso antes que mis ojos,
que tu pecho sea ese lugar
donde mi cuerpo deje de estar alerta.
Que de tus planes se borre el singular
para incluir el “debemos”,
el “tenemos”,
el “haremos”,
el “seremos”.
y amanecer con tus dulces mensajes
como el café de las mañanas.
Y que pese a tener un día de ogros,
tú seas capaz de hacerlo un jardín de enanitos.
Anhelar las noches de luna
para contarte el trajin del dia
y encontrarnos en silencio,
como si el mundo pudiera esperar
mientras nosotros nos descubríamos.
Y adorar los veinticuatro de cada mes
porque me recuerdan que, cada día,
elejimos querernos
Creer que los brazos que me acorralan en cada caricia
son los más fuertes,
los que derriban cualquier peligro,
y que, entre ellos,
hasta mi miedo pierde la ropa
y se queda desnudo frente a ti.
Tener plena certeza de que tus besos
son la ambrosía del Edén,
y que mi boca, cuando encuentra la tuya,
recuerda cosas
que mi razón intenta olvidar.
Simplemente,
amo quién soy contigo:
la mujer que pierde el miedo,
la que se abandona a tus brazos,
la que no calcula el mañana
la que por un instante
deja de necesitar respuestas
porque le basta con sentirse amada.
Y aunque tú eras más de textos grotescos
y yo más de lírica;
aunque tú eras más pragmático
y yo más teórica;
aunque tú eras más del azar
y yo más estratega;
fuimos agua y aceite.
Yo te quise
y tú también me quisiste.
Pero ambos lo hacíamos en diferentes matices,
en tonos que a ninguno favorecían.
Y aunque suene antagonico yo dejaba que la vida sucediera;
Tu querías construirla conmigo.
Yo amaba con la espontaneidad del instante;
tu, con la arquitectura de un futuro.
quizás por eso
nos sentíamos incompletos.
Porque yo te quise
y tú también me quisiste.
Solo que ambos sabíamos amar
a nuestra manera.
Y quizá esa fue nuestra tragedia:
no que nos faltara amor,
sino que el amor,
cuando habla dos idiomas distintos,
puede sentirse como hogar
y, aun así,
no saber cómo quedarse..