Pensé que no me iba a doler, pero siempre tengo que decir la verdad, y de verdad que me dolió, aunque sé que el enemigo utiliza la boca de nuestros semejantes para atacar, me dolió, y acepto que me falta mucho para que ninguna ofensa me haga daño, pero permíteme; oh Jehová Dios, admíteme, oh Padre celestial, déjame llorar mi soledad por tan solo unos minutos, y luego de eso fortalece mi espíritu y renuévame.