Me levanto de mañana y te adoro y te busco, exalto tu nombre, porque tú eres bueno Dios.
Aunque no tenga fuerzas, aunque mis parpados se cierren a cada momento, aunque el adversario se oponga, aunque haga mucho frío, o mucho calor, yo te alabaré, y te adoraré por siempre, porque no hay nadie como tú, tú eres grande y maravilloso, fuerte y majestuoso, tú eres único Señor, a ti sea toda la gloria.
El Alba rayará en cualquier momento, pero antes de que el Alba raye; yo ya te he exaltado, Señor mío, Rey de Reyes y Señor de Señores.
Aquí estoy para adorarte. Para exaltarte y alabarte. Y me falta más entrega de mi parte, aún más, porque tú te mereces todo mi esfuerzo, te mereces lo mejor y toda mi entrega.
Santo tu eres, Santo, Santo y tres veces más Santo, por toda la eternidad Yo te adoraré con todas las fuerzas, y con toda la mente, y con toda el alma.
Como no adorarte Señor; si nos diste aliento de vida, como no adorarte Señor; si nos hiciste con amor y con ternura, a tu imagen y semejanza, somos barro del polvo de la tierra. No somos nada sin ti, por eso desde ahora y siempre te adoraré...