¡Dios! Los que viven en mi casa, y yo seamos resguardados con tu poder y gloria, porque desde hace mucho tiempo te he entregado este territorio como tuyo, para que nos protejas de todo mal y de todo peligro, para que ningún hacedor del mal entre, ninguno profane, y ninguno dañe.
Muchos disfrutan viéndonos pasar dificultades y se alegran y se burlan, y se atreven a atacar con sus brujerías y hechicerías, porque no conocen a Dios.
Han maquinado, han fraguado y conspirado maldad para nosotros, han mandado hacer el trabajo sucio a otros, y entraron a territorio que no es suyo. Territorio, el cual te he entregado desde hace mucho tiempo.
Oh Jehová Dios de los ejércitos; tú, Señor; lo has visto todo, sabes bien todo lo que hicieron, sabes desde el principio lo que planearon, de cómo corren sus pies para la maldad, de cómo conspiran contra su prójimo, al que no les ha hecho nada, sino que atacan por envidia, por celos y por odio.
Estos son llevados por espíritus inmundos para hacer maldad, y viven para la maldad.
No descansan, no dan tregua, sino que a la primera oportunidad atacan sin motivo alguno, porque quieren destruirnos, pero yo hoy me levanto y me paro en la brecha, y te digo; oh Dios Todopoderoso: Que los reprendas a todos, que sepan de tu mano que hay un Dios vivo, repréndelos Señor para que se arrepientan de su maldad, de su iniquidad, porque en sus pensamientos no piensan en ti, oh Dios, porque si pensaran en ti, Padre celestial, no harían maldades hacia el prójimo, repréndelos, que ninguno quede sin que lo hayas reprendido, para que no se olviden de que existe un Dios que está en los cielos, que hace salir el sol para buenos y malos, que hace llover sobre la tierra para buenos y malos. Desenvaina tu espada Señor, y levántate en mi ayuda. Porque tú eres mi roca, y mi escudo.
Yo no alabo, ni adoro, ni exalto a un Dios de madera, ni de plástico, ni de porcelana, ni de acera, ni de piedra, ni de oro, ni de plata, ni de bronce, ni de hierro, ni de barro, yo alabo, adoro y exalto al Dios vivo, Jehová de los ejércitos, el Rey de la gloria, y por tu nombre Señor, repréndelos. Levántate en mi ayuda, levántate en mi auxilio, porque no hay nadie como tú, no hay nadie más grande que tú, oh Jehová Dios de los ejércitos, tú eres el Rey de la gloria.