Dios del universo, Dios de los cielos y de la tierra, Dios, mi Dios de toda la existencia, he aquí tu hijo, he aquí tu pequeño, quien esta consternado y confundido de ver tanta maldad, y de ver los poderosos gigantes que se me han levantado.
Dios, Padre mío, Padre celestial, escucha mi voz, escucha mi lamento, escucha mi ruego y mi suplica desde aquí en la tierra, ve mis lágrimas, mira mi aflicción, mira mi angustia, mira mi preocupación por causa de los gigantes comandados por Satanás.
Si yo no te tuviera a ti, oh Señor, Dios Todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, yo no estaría en pie, porque ya mis enemigos me habrían acabado.
Estos gigantes son muchos y se creen intocables e indestructibles, pero yo conozco al Dios que todo lo puede, que no hay nada ni nadie que se le compare, un Dios que distingue entre los que son justos y los que son injustos.
Oh Dios, siente mi indignación y levántate en mi ayuda y abre los cielos en su plenitud. Que los hacedores de maldad se estremezcan al sentir tu indignación.
Rayos, truenos y relámpagos, se hacen ver y escuchar a tu fuerte indignación.
Los demonios tiemblen y corran y huyan ante tu furor, y los hacedores de maldad se arrepientan de su iniquidad.
Rayos, truenos y relámpagos, Dios es Dios, y es un Dios vivo, un Dios que siente el agravio de sus hijos, un Dios que siente las ofensas y el maltrato de sus hijos, quienes lo buscan día, tarde y noche.
Rayos, truenos y relámpagos, hablará mi Padre con un sonido ensordecedor y un estruendo demoledor no escuchado ni visto por hombre, y los gigantes correrán y huirán ante su poderosa fuerza. Amen.