Señor, me encuentro en una situación compleja, porque navego entre varios pensamientos ante un hombre que me ha robado, y sínicamente y descaradamente; se ha mostrado de frente, y vi que quería volver a robar. Y no entendí en ese momento que es el enemigo quien está detrás de él, porque nuestra lucha no es contra carne y sangre; nuestra lucha es contra principados, potestades, contra gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.
Por tanto, es un alma que necesita ayuda, un alma que hay que quitársela de las garras del enemigo; es un alma que necesita conocerte, oh Dios, el enemigo lo utiliza, pero no lo va a usar más, porque desde hoy es reprendido el enemigo en el nombre de Jesús, en el nombre poderoso de Jesús, que es Rey de Reyes y Señor de Señores, el enemigo es reprendido, y no tiene poder sobre esa alma.
Porque nuestra batalla, nuestra guerra, nuestra pelea no es con humanos, es contra espíritus inmundos. Y es más grande el que esta con nosotros, que el que está en el mundo.