Estaba abatido y desconsolado, pero tú, oh Dios, me has fortalecido. Estaba desconcertado y aturdido mentalmente, pero poco a poco, oh Dios, me has alentado.
No entiendo por qué el ser humano se goza con el sufrimiento del prójimo, se escarnecen con el dolor ajeno, y no les importa el sufrimiento de los demás.
Llegue a decepcionarme de la humanidad, pero tú, oh Dios, me devolviste las fuerzas, y el amor.
Oh Dios, yo sé que todo me sirve para bien, que de lo malo saco algo bueno, aprendo algo bueno.
Señor, sigue fortaleciéndome, fortalece mi espíritu y resguárdame de todo mal, de todo pensamiento maligno, de toda mala intención, y líbrame de todo mal y de todo peligro. Amen.