Oh Dios, oh Padre celestial, oh Señor mío, llena mi vida y hazte sentir, no me dejes ni me desampares, mira como sean multiplicado mis enemigos, gentes que se han levantado sin causa alguna, y yo miro al cielo y digo: ¿Dónde estás, oh Dios? ¿Dónde estás Padre eterno? Mis enemigos son más fuertes que yo, se gozan de mi sufrimiento, de mi llanto, de mis caídas, de mis angustias y lamentos; no se cansan en lanzar brujerías y hechicerías, otros lanzan injurias y calumnias, veneno por sus bocas, palabras amenazadoras y maldiciones, otros más se aprovechan de la circunstancia de mi debilidad temporalmente, y de mi tristeza, para alzarme la voz, y yo me pregunto: ¿Qué les he hecho? Oh Señor mío, dame fuerzas, porque con tus fuerzas yo venceré, truena en los cielos y levántate a mi favor.
Oh Jehová Dios mío, Dios de mi vida, el Dios que me fortalece, hazte sentir, y mira mi aflicción y fortaléceme. Dios eterno. Padre celestial, no me dejes solo ante tantos gigantes, y truena a mi favor.
Dios mío y Señor mío, el Dios que vive por siempre, y para siempre, el creador del cielo y de la tierra. Amen.