No me tomó tiempo entender lo que sentía por ella.
No fue confusión. No fue impulso. Fue certeza.
Safiye entró en mi vida con la misma firmeza con la que pone límites: sin pedir permiso y sin intención de quedarse. Desde el primer día supe que no era una historia fácil… y aun así, la quise.
El mundo cree que soy un piloto arrogante, un fiestero con talento, un hombre que colecciona nombres y olvida rostros. No saben que huyo de las fiestas, que el ruido me cansa y que jamás he jugado con un sentimiento que no estuviera dispuesto a cuidar.
Ella, en cambio, no me cree.
Es estricta, impenetrable, demasiado buena en lo que hace como para permitir errores. Y yo soy, para ella, el error perfecto: famoso, expuesto y peligroso.
Algunas personas no llegan para ser entendidas…
Llegan para quedarse, incluso cuando intentan empujarte lejos.
Y Safiye, aunque no lo admita, ya corre conmigo la carrera más larga de todas.