Safiye
Un mes después
Ya había pasado un mes desde que implementamos todas las estrategias para comedia crear una nueva imagen del piloto Kaelric Blazehart y todo iba según el plan. Yo nunca me equivoco siempre hago bien mi trabajo, soy buena en lo que hago.
Iba de camino con mi tablet en mano rumbo al motorhome de Kaelric, ya el paddock no murmuraba igual, ahora todo giraba entrono a la carrera.
Entro en el motorhome y encuentro a ese hombre con su traje medio puesto y se ve increíblemente guapo. Puede qué me haya cerrado al amor pero no soy ciega y no voy a negar lo que se ve espectacular.
— Buenas tardes— saludé educadamente — No te lo había comentado antes—comienzo explicando— pero ya es momento de que hablamos de cómo va mejorando tu imagen poco a poco.
— Bien te escucho— me observo con esos ojos azules que no puedo evitar perderme en ellos, enfócate Safiye.
— Primero: el silencio. No respondiste ni una sola vez. Eso obligó a los medios a buscar otra historia. Cuando alguien no reacciona, deja de ser escándalo y se vuelve ruido viejo.
— Segundo: consistencia. Durante treinta días solo te vieron en tres lugares: pista, gimnasio y box. La imagen de fiestero no sobrevive cuando no tiene pruebas nuevas.
Kaelric observaba con atención. Sus ojos decían más que su boca.
— Tercero: terceros creíbles —continuó—. Yo no hablé por ti. Dejé que otros lo hicieran sin darse cuenta. Ingenieros, jefes de equipo, antiguos entrenadores. Todos coincidieron en lo mismo: disciplina, respeto, enfoque — Hago una pausa breve —Cuando muchas voces dicen lo mismo, la gente deja de escuchar a la más ruidosa.
Kaelric apretó la mandíbula. Un gesto casi imperceptible.
— Cuarto: humanidad —añadió—. No te vendimos como santo. Te mostramos cansado, concentrado, serio. Un hombre bajo presión. Eso mata la narrativa de narcisismo.
— Y por último… la ex.
Kaelric me seguía observando.
— No la atacamos —dije mi voz sonando segura si titubear—. Le quitamos el escenario. Mientras tú avanzabas, ella se quedó hablando sola. Las contradicciones hicieron el resto.
Se hizo un silencio
— Hoy —concluyó—, ya no te preguntan si fuiste infiel. Te preguntan si vas a ganar el campeonato.
Kaelric respiró hondo. Asintió una sola vez.
— Funcionó —murmuró al fin.
— Sí funcionó —digo—de ahora en adelante no se trata de limpiar nada, sino de sostenerlo.
Kaelric se fue acercando a mi y sin darme cuenta estábamos muy cerca el uno del otro. Y no sabia como interpretar eso.