Safiye
Entro en mi oficina con mi café en mano y lo primero que veo es un ramo hermoso de girasoles, volteo a ver a mi asistente.
— ¿Quién los envío? — es lo primero que pregunto
— No lo sé señorita Kingsley —responde ella— Llegaron hace diez minutos.
— Retirate, déjame sola— le ordeno
Me quedo sola en la oficina y lo primero que hago es tomar la tarjeta, dudo unos segundos antes de leerla. Comienzo a leer lo que dice.
“No te envío girasoles para convencerte, sino para que me recuerdes y sepas que hoy pensé en ti”
KB
El aire se me atoró en el pecho, no sé cómo reaccionar. Hace mucho que nadie me envía flores y no es que yo lo permitiera. Pero Kaelric no es como los demás y eso hoy me quedó claro.
Eso que acabo de leer no era exagerado, era directo, seguro como solo Kaelric Blazehart puede ser.
— Idiota— murmuró para mí misma— Ni creas que con esto me vas convencer.
Sin pensarlo más, levantó el ramo, camino hasta el cesto de basura y lo dejo caer entero, sin delicadeza. Los girasoles quedaron torcidos, absurdos, fuera de lugar.
Pero la tarjeta… la sostuve unos segundos más.
Luego la doblo con cuidado y la guardo en mi bolso.
Respiró hondo.
— Llama al señor Blazehart—ordeno por el intercomunicador—. Ahora.
Kaelric entró minutos después. Tranquilo. Demasiado tranquilo. Como si no supiera que estaba a punto de entrar en campo minado.
— Me mandaste llamar —dijo.
Safiye no lo invitó a sentarse.
— ¿Qué crees que estás haciendo? —pregunto, cruzándome de brazos.
Él ladeó la cabeza.
— Buenos días a ti también— me dice con una gran sonrisa
— No juegues conmigo, Kaelric. No estamos en pista —mi voz era firme, afilada—. No vuelvas a enviarme flores.
— Eran girasoles— dice de manera despreocupada
— No importa qué eran —replicó—. Importa lo que significan. Yo no soy parte de tu estrategia, ni un gesto bonito para limpiar tu imagen.
Kaelric dio un paso al frente, sin invadir, pero sin retroceder.
— No fue una estrategia.
— Claro que lo fue —dije furiosa—. Todo lo tuyo lo es. Control, diversión espectáculo.
— Esto no —respondió con calma—. Esto fue personal.
— Pues no te lo permito.
El silencio tensó más el ambiente
— Tíralos, entonces —dijo él, sin alterarse—. Pero no me digas que no sentiste nada.
Apreté los labios
— No tienes derecho a mandarme nada—espetó—. Yo estoy aquí para arreglar problemas, no para crear otros.
— Solo quería que supieras que te veo— dijo Kaelric
Yo lo miró sin saber como reaccionar.
— Esto no vuelve a pasar —sentencio—. ¿Estamos claros?
Kaelric me sostuvo su mirada, firme.
— Sí — respondió— Pero ni pienses que voy a retroceder, no me arrepiento de enviarte los girasoles y no voy a parar hasta que tú aceptes salir conmigo y que tú puedas conocer cómo realmente soy.
Le señalo la puerta
—Fuera— espeto furiosa
Él obedeció.
Cuando la puerta se cerró, me apoyó en el escritorio, respirando agitada.
Tomo mi bolso y saco la tarjeta.
La vuelvo a leer
Y por primera vez desde que acepte este trabajo, no supe cómo mantenerme intacta.