Pole Position En Tu Corazón

Capítulo 10

Kaelric

Salí de la oficina sin mirar atrás.

El pasillo del paddock estaba casi vacío, iluminado por la luz blanca que siempre hacía ver todo más frío de lo que era. Caminó despacio, con las manos en los bolsillos, respirando hondo. No había enojo en mi pecho, todo lo contrario.

Había claridad.

Había visto su enojo.

Había sentido el golpe.

Y aun así… no me arrepiento de lo que hice y dije.

Me detuve por un momento junto a la baranda que daba al pit lane vacío. El circuito dormía, apoyó los antebrazos, inclinándome hacia adelante.

—Bien —murmuró para mi mismo—. Así se empieza, nada en esta vida es fácil.

No había huido.

No había discutido.

No había pedido nada.

Eso ya era una victoria.

Pienso en Safiye, en su mirada afilada, en la forma en que me echó sin titubear, hasta enoja se ve hermosa . Sonrió apenas, ladeado, como quien reconoce un desafío digno.

—No vas a ceder fácil… y eso está bien, seré paciente.

El sonido lejano de una moto de pruebas cruzó el aire, enderezó la espalda. Mi mundo volvía a alinearse.

Caminó hacia el garaje con paso firme. Los mecánicos levantaron la vista al ver me entrar; algo en mi expresión había cambiado.

—Revisemos todo de nuevo —ordenó—. Quiero la moto perfecta.

—¿Algo más? —preguntó uno de los mecánicos

Pensé un segundo. En los girasoles, en la tarjeta y en el reclamo que no me expulsó… me retó.

—Sí —respondí firme—. Este fin de semana no corro solo para ganar.

Me acercó a la moto y apoyo la mano sobre el depósito, como si sellara un pacto.

Esta vez, no iba a acelerar solo para ganar la carrera

Iba a hacerlo para demostrar que sabía esperar.

Día de la carrera

Autódromo Internacional De Mugello

Las colinas verdes rodeaban el trazado como un anfiteatro natural y el aire vibraba con una energía distinta, más intensa, más exigente. Mugello no perdonaba errores. Mugello exponía a los valientes.

Me colocó guantes despacio, concentrado. Era día de carrera.

Y, por primera vez en mucho tiempo, no sentía solo adrenalina.

— Casa de los valientes —comentó Gian Luca mi compañero de escudería quién se encontraba a mi lado—. ¿Listo?

Solo le hice un asentimiento de cabeza, no eran necesarias las palabras.

Mis ojos recorrieron el paddock hasta detenerse, inevitablemente, en el otro extremo. Allí estaba ella, Safiye, impecable, profesional, hermosa como siempre con una tablet en la mano y el gesto serio, igual que siempre.

— No te distraigas —añadió Gian Luca, siguiéndole la mirada—. Mugello se cobra caro cualquier segundo de más.

— No estoy distraído —respondí con seguridad—. Estoy enfocado.

Y era verdad.

Cuando el semáforo previo a la salida comenzó a organizarse, me subí a la moto. El motor vibró bajo mi cuerpo la, familiar, perfecto. Todo estaba en su sitio.

Pensé en todo lo que había ocurrido en estos últimos días y en la forma en que Safiye no cedía… y en cómo eso me empujaba a ser mejor.

— Hoy no corro para que me aplaudan —murmuró dentro del casco—. Corro para que no me nieguen.

Las luces se encendieron una a una.

Rojo.

Rojo.

Rojo.

Apreté el embrague.

Cuando se apagaron, salí como una promesa.



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En el texto hay: drama, enemiestolovers, sport romance

Editado: 27.02.2026

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