Safiye
Está mañana me levanté y me puse mi ropa profesional para estar aquí presente en la competencia, hoy seria un día importante ya que es la primera rueda de prensa en la que Kaelric estará después de los acontecimientos con su ex novia. Estaba preparada para afrontar cualquier situación que se presente, uno no sabe que esperar de la prensa, y como dicen por ahí mujer precavida vale por dos.
Mugello siempre a sido uno de mis circuitos favoritos, aquí fue la primera vez que presencié una carrera de estás al lado de mi Padre Aldrick Kingsley, un gran hombre muy inteligente era Ingeniero de pista, por él desarrolle una pasión por todo esto, lastimosamente ya no está conmigo, falleció cuando yo tenía trece años. Mi padre era el único que me entendía y me aceptaba tal y como soy.
Me sacudo mentalmente, volviendo al circuito. Mugello se caracteriza por Curvas rápidas, cambios de elevación traicioneros, una recta que exigía valentía y precisión. Mugello no premiaba la suerte, premiaba la lectura correcta de cada segundo. Yo entendía ese circuito. Me gustaba porque no mentía.
Estaba de pie en el muro, con los auriculares puestos y la tablet en la mano, siguiendo los datos en tiempo real. Temperatura de pista estable. Neumáticos en ventana óptima. Ritmo alto desde la salida.
Kaelric había hecho una buena arrancada.
Demasiado buena.
— Está empujando desde la vuelta uno… —murmuré para mí misma.
Eso no era impulsivo. Era calculado. Estaba usando aire limpio, defendiendo trazadas, cerrando espacios sin agresividad innecesaria. Lo vi inclinar la moto con una precisión casi insultante. No forzaba. No dudaba. Como si todo lo demás —el ruido, los rumores, incluso yo— no existiera.
— Está leyendo la carrera perfecta —pensé, apretando los labios.
Me molestó lo mucho que eso me impresionaba, en la pantalla, su nombre seguía arriba. P1.
Constante. Frío. Implacable.
Así es como conquista, me dije con ironía. No con flores. Con hechos.
Y entonces en ese momento me odié un poco por pensarlo.
Porque no sabía qué pensar de Kaelric Blazehart.
El hombre que enviaba girasoles como si no significaran nada.
El piloto que no respondió con enojo cuando lo eché de mi oficina.
El mismo que ahora lideraba en Mugello como si estuviera haciendo una declaración silenciosa.
—Concéntrate, Safiye —me ordené.
Pero mis ojos lo buscaban vuelta tras vuelta.
Cada adelantamiento limpio.
Cada defensa inteligente.
Cada vez que no arriesgaba de más cuando sabía que no hacía falta.
No estaba corriendo para demostrar ego.
Estaba corriendo para sostener.
Cuando cruzó la línea de meta en primer lugar, el rugido del público me atravesó el pecho. Entonces en ese preciso instante sentí algo romperse dentro.
No sonreí.
No celebré.
Solo pensé:
¿Quién eres realmente Kaelric Blazehart?
Apagué la tablet y me quité los auriculares. El ruido volvió de golpe. La gente gritaba su apodo Ironheart, y de verdad que ese nombre iba con él. Kaelric levantaba el puño, pero no exageraba. No miraba a las gradas… miraba al muro justo dónde yo me encontraba.
Tragué grueso, no sabía si estaba molesta con él.
No sabía si estaba orgullosa.
No sabía si estaba en peligro.
Lo único que sabía era que, por primera vez, Kaelric Blazehart no era solo un problema que debía gestionar.
Era una incógnita.
Y para mi mala suerte, las incógnitas siempre me habían gustado más de lo que estaba dispuesta a admitir.