Kaelric
El trofeo todavía pesaba en mis manos cuando bajé del podio, otra vez había ganado, había salido victorioso, todo el equipo celebraba ya que Gian Luca quedó en segundo lugar, los dos estamos posicionados en los dos mejores lugares.
El asfalto de Mugello todavía vibraba bajo mis botas, un eco metálico que se mezclaba con el rugido de la grada y el martilleo de mi propio corazón. Ganar en Italia no era solo una victoria; era un bautismo de fuego. Sonreí a las cámaras, esa mueca tensa y medida que el mundo esperaba del gran Kaelric Blazehart o mejor dicho de Ironheart.
Las entrevistas empezaron como siempre, en esta ocasión sí me quedé a como acordé con Safiye como parte de la estrategia que teníamos para mejorar mi imagen y que lo que pasó con Margaret quedará atrás y todos se enfocarán en mi victoria.
— Kaelric, carrera impecable. ¿Qué significó liderar desde la primera vuelta?
— ¿Qué ajustes fueron clave para hoy?
Respondí en automático. Técnica. Fría. Segura. Con esa frialdad que me caracterizaba con la que me había ganado el respeto de todos en el paddock.
Entonces lo sentí.
Ese cambio invisible en el aire.
Un murmullo que creció demasiado rápido. Voces nuevas, más agresivas. Micrófonos que ya no apuntaban a la moto, sino a mi cara.
— ¡Kaelric! ¿Qué respondes a las declaraciones de Margaret Rossi?
— ¿Es cierto que la destruiste psicológicamente?
— ¿Manipulación emocional para ganar ventaja? ¡Responde!
Abrí la boca y no salió nada
El mundo se congeló en cuestión de segundos. El júbilo de la victoria se pudrió en mi boca, dejando un sabor amargo. Me quedé mudo, con el casco bajo el brazo y la mirada fija en los reporteros que ya no buscaban al campeón, sino al monstruo que era yo según las declaraciones de Margaret. La incredulidad me atenazó la garganta; era como si todo se estuviera desmoronando a mi alrededor.
Busqué con la mirada a Safiye. Y entonces la encontré
Safiye estaba allí. Una columna de acero en medio de la tormenta. Sus hombros estaban rectos, su mandíbula apretada con una fuerza que le marcaba los pómulos. Sus ojos, afilados como cuchillas listas para perforar, se clavaron en los míos. Negó apenas con la cabeza. Y con un solo gesto me dio a entender que no respondiera nada, que lo mejor era callar, aunque dudé unos segundos porque la verdad es que ya estaba cansado que me acusarán de algo que no soy y que jamás le haría a una mujer. Mi madre me educó para que siempre fuera todo un caballero con las mujeres y siempre me dijo que las debemos cuidar y tratar bien, pero definitivamente hay mujeres que tratan de sacar lo peor de uno.
Entonces decidí hacer caso y guardar silencio. Confié ciegamente mientras ella daba un paso al frente, rompiendo la barrera de sonido con una voz que no pidió permiso, sino que exigió sumisión.
— ¡Basta! —El grito fue un latigazo—. Esta entrevista ha terminado.
— ¡¿Están encubriendo un abuso?! —rugió un tipo con una cámara a centímetros de mi cara.
Safiye ni siquiera pestañeó. Dio un paso más, invadiendo el espacio personal del reportero con una calma gélida que resultaba aterradora.
— No. Estoy deteniendo un circo —sentenció, y de pronto, una tablet apareció en su mano como un arma—. Pero ya que han decidido convertir en un circo mediático este momento, vamos a hablar de hechos. De realidades documentadas, no de titulares baratos.
Sentí algo extraño en el pecho. No era alivio. Era… asombro.
— Margaret Rossi —continuó— tiene un patrón documentado de acusaciones similares contra una ex pareja anterior. —levantó la tablet—Aquí están las denuncias archivadas, las fechas y los testimonios.
El murmullo se transformó en shock.
— Además —añadió—, existe constancia legal de que solicitó una suma económica considerable a cambio de retirar la acusación. Esto también está registrado.
— ¿Está diciendo que es una extorsión? —preguntó un reportero.
— Estoy diciendo que los hechos existen, y que el señor Blazehart no responderá a una campaña basada en antecedentes repetidos —sentenció.
Yo seguía ahí.
Callado
El asombro me recorrió la espalda. Observé cómo desmantelaba la narrativa de Margaret Rossi pieza por pieza.
Solo observaba cómo ella sostenía mi nombre sin temblar. Me estaba defendiendo sé qué es su trabajo pero no puedo evitar sentir que alguien se preocupa y que además confía aunque sea un poco en mi.
Nunca me había sentido tan expuesto… ni tan protegido.
— No habrá más preguntas —finalizó Safiye—Cualquier comunicación futura será por vía legal hasta entonces no responderemos a nada más, sí nos permiten nos retiraremos en este mismo instante.
Intentó retirarnos, pero no lo permitieron. Los reporteros avanzaron. Micrófonos chocando. Cámaras demasiado cerca. Sentí un empujón en el hombro. Otro en el pecho.
— Kaelric, mírame!
— ¡Safiye, ¿cuánto te pagan por mentir?!
Sentí un impacto. Un golpe seco. Vi cómo la cabeza de Safiye se sacudía hacia un lado por el choque de una cámara o un codo. Vi su cuerpo perder el equilibrio, tambaleándose hacia el suelo sucio del pit lane.
— ¡Safiye!— grité
El mundo explotó. La euforia de la carrera se transformó en una furia ciega, roja, volcánica. La alcancé antes de que sus rodillas tocaran el suelo, rodeando su cintura con una fuerza posesiva. Sentí sus dedos clavarse en mi traje, su respiración entrecortada contra mi pecho, y algo dentro de mí se rompió para siempre. Vi que tenía la cara roja por el golpe.
La solté y me giré hacia el responsable. Ya no era un piloto. Era un animal defendiendo lo que es suyo. Porque Safiye lo era.
— Qué te pasa imbécil, fíjate en lo que haces— grito molesto y agarro la cámara del tipo y la estrelló en el suelo y lo agarro de la camisa y lo golpeó directo en la cara. —Ahora sí te mato, la tocaste a ella y eso sí que no lo voy a perdonar — Mis ojos debían de dar miedo porque que los demás se apartaron y guardaron silencio, en eso momento por fin aparecieron los guardaespaldas.