Kaelric
Nos encontrábamos en el estacionamiento y veo que Safiye queda viendo la moto, será que no le gusta viajar en moto, me bofeteo mentalmente, debí venir en el auto.
— Te dan miedo las motos — pregunto algo temeroso por su respuesta, no quiero que se retracte de aceptar salir conmigo.
— No, para nada — responde y dejo salir el aire que tenia contenido — Solo que hace mucho que no me subo a una.
— Ya veo— respondo— Entonces espero que te diviertas hoy
— Sí eso espero
Nos subimos a la moto y nos colocamos los cascos, ella se agarra de mí y nos pongo en marcha, la voy a llevar a recorrer las calles en la moto y luego la llevaré a una pizzería a la que me encanta ir y dónde hacen la mejor pizza de toda Italia.
— Llegamos — le menciono
— Me trajiste a una pizzería — indaga ella
— Sí, aquí preparan la mejor pizza de Italia.
— Ya veremos entonces — dice —Ya quiero comprobar si es cierto.
— Entremos— le digo y le abro la puerta.
Nos sentamos y pedimos nuestra pizza y observo como la saborea y como su cara cambia cada vez que le da un mordisco. Definitivamente estoy perdido, está mujer me tiene en sus manos.
— Vienes seguido aquí — pregunta ella
— Sí —respondo — Cada vez que puedo y tengo tiempo me gusta venir aquí y desconectarme del mundo.
— Entiendo— murmura— A mi también me gusta desconectarme de todo por un tiempo, aunque por mi trabajo es bastante difícil.
— A mi también me pasa lo mismo, por mi trabajo tengo muchos impedimentos para dedicarme un tiempo para mi mismo— confieso— Por eso cuando la temporada se acaba, me voy de vacaciones a un lugar alejado para respirar aire fresco y cómo dicen por ahí a sanar el alma.
— Eso que haces me parece el mejor plan del mundo —dice con una media sonrisa.
— Sí, supongo — digo
— Y que me cuentas de ti— pregunto— Que te gusta y que no
— Soy una persona simple supongo — dice— Me gusta estar en mi casa disfrutar del silencio, leer algún libro y cuando puedo conocer lugares.
— Interesante —digo
— Sí, sé que es algo aburrido — dice cabizbaja — Ya me han dicho que eso no es divertirse de verdad.
— Quién te haya dicho eso está muy equivocado —musito— A mi me encantan esos planes así, yo odio las fiestas, prefiero cocinar, leer o ir de vacaciones, así es como se disfruta de verdad la vida. No todo es fiesta y cada quien tiene sus gustos no porque no te guste lo que a los demás estás mal o eres aburrida, sí ellos se divierten así está bien es su vida y si a ti te gustan otras cosas está bien también, todos somos diferentes y únicos y es ahí la belleza humana.
— Me sorprende tan sabias palabras saliendo de su boca señor Blazehart — responde ahora ya más animada — Tienes razón no lo había visto de ese punto de vista así que vivan los raros como nosotros.
— Y que hay de tu familia — pregunta ella
— Todo bien con ellos, me llevo bien con mis padres — digo sincero— Solo los tengo a ellos y siempre me han apoyado.
— Dichosos los que se llevan bien con sus padres y que ellos los apoyan.
— Por qué lo dices —pregunto
— Porque no todos tenemos ese privilegio — murmura — Y tu qué quieres saber de mí, yo hice una pregunta y tú respondiste lo justo es que yo también responda tus dudas.
— Déjame pensarlo — le digo mientras pienso en que preguntar y que ella no se sienta incómoda, se que es muy reservada con su vida lo he notado en varias ocasiones —¿Cuándo cumples años?
— El 28 de febrero —responde— Y antes de que preguntes tengo 24 años y nací en Nueva York.
— Interesantes datos — digo y es la verdad todo en ella me interesa.
— Y tú cuándo cumples años— me sorprende que lo pregunte ya que toda mi información está en internet.
— El 30 de Julio y tengo 26 años— respondo— Pensé que eso ya los sabías ya que tú investigas todo de tus clientes.
— Pues no lo sabía — hace una pausa— Investigo lo necesario para hacer bien mi trabajo.
— Entiendo
Y así pasamos la tarde entré pláticas y silencios que no eran incómodos, cada momento con ella es único y cada vez la voy conociendo un poco más poco a poco.
Ya nos encontramos en el hotel ya que debemos empacar para ir al aeropuerto y viajar hacia Roma.
— Gracias por este día —dice ella y me sorprende — De verdad gracias no sabía que lo necesitaba tanto y me gustó volver a subirme en una moto, sabes a mi me gusta la velocidad.
— Me sorprende —digo— Pero me alegra que la hayas pasado bien y gracias por aceptar salir conmigo.
— Nos vemos en el avión —dice ella
— Está bien — respondo— Ya sabes que siempre puedes contar conmigo.
— Sí —es lo único que dice
Doy media vuelta y camino hacia el ascensor, por lo que supe hoy se que ella no ha tenido una vida fácil y que ha sufrido mucho pero yo estoy dispuesto a reemplazar esos malos recuerdos por otros buenos.