Safiye
Iba hacia mi oficina cuando me cruzo con Gian Luca, el amigo de Kaelric y su compañero de escudería. Conocía a Gian Luca desde hacía tiempo —los paddocks, las cenas del equipo, las celebraciones rápidas—, pero nunca habíamos hablado de verdad. Siempre había sido “el amigo de Kaelric”, el compañero de escudería, el italiano encantador que sonreía fácil y observaba mucho.
— Hola Safiye, me permites un momento — dice de repente
— Hola— digo — Sí claro, dime en qué puedo ayudarte.
— Bueno a mí en, nada— Pero me gustaría invitarte a comer, para hablar sobre Kaelric.
— Y eso por qué — cuestiono
— Como sabrás él es mi amigo y me gustaría conocer mejor a la mujer que lo tiene loco— me lanza una sonrisa genuina.
— Está bien — respondo— Vamos
El restaurante que eligió era pequeño, escondido en una calle tranquila, lejos del ruido y de las miradas curiosas. Nada de lujos exagerados. Pasta casera, vino suave, luz cálida.
— Gracias por venir —dijo Gian Luca mientras tomaban asiento—. Prometo no hablar de motos… al menos no al inicio.
Sonrió, logrando relajarme un poco.
— Eso ya es un gran comienzo— digo
Comimos unos minutos en silencio cómodo, hasta que él dejó los cubiertos a un lado y me miró con seriedad, sin perder la suavidad en los ojos.
— Voy a ser directo —dijo—. Kaelric no es muy bueno diciendo lo que siente… pero siente mucho. Más de lo que deja ver, aunque creo que contigo es un poco diferente. Y yo—respiró hondo— Solo quería pedirte algo como amigo.
Le sostuve la mirada .
— No le rompas el corazón por favor — dice
No fue una súplica dramática, ni una advertencia. Fue honesta. Protectora.
— No porque sea famoso, ni porque gane carreras —continuó—. Sino porque cuando habla de ti… es distinto. Se le va esa armadura que siempre lleva puesta y créeme el nunca antes había bajado la guardia con nadie.
Baje la mirada un segundo procesando lo que acaba de decir, tocada por la sinceridad.
—No es mi intención herirlo —respondo con voz suave—. Estamos intentando que esto funcione.
Gian Luca sonrió, aliviado.
— Eso ya dice mucho de ti.
El ambiente cambió. La tensión se disolvió como el vino en la copa. Empezamos a hablar de cosas simples: de Italia, de música vieja, de viajes que no salieron como esperábamos. Me reí cuando él confesó que le tenía miedo al mar abierto, irónico para alguien que vivía al límite.
— Nunca se lo digas a Kaelric —dijo él, llevándose un dedo a los labios—. Arruinaría mi reputación de chico aventurero y sin miedo.
— Tu secreto está a salvo conmigo —respondí, guiñándole un ojo.
Por primera vez, no hablamos de trabajo. No de carreras, ni de contratos, ni de escándalos. Solo de la vida.
Cuando salimos del restaurante, el aire nocturno era tibio.
— Me alegra haberte invitado —dijo Gian Luca—. Creo que… podemos ser amigos, Safiye.
— Creo que ya lo somos. Solo que hasta hoy no lo sabíamos.
Hoy entendí algo importante , Kaelric no solo tenía un gran amigo… tenía una familia elegida. Y ahora, sin darme cuenta, yo había empezado a formar parte de ella.
Cuando levanto la mirada encuentro a Kaelric viéndonos fijamente, no sé cómo interpretar su cara. Espero que no mal intérprete las cosas.