Safiye
Llegamos a la casa de mi mi madre y Kaelric me ayudó a subirla a su cuarto.
— Kaelric dame un momento a solas con ella— digo
— Estás segura, no tienes por qué seguir aguantando todos sus malos comentarios — dice él
— No te preocupes, hoy me despediré de ella y le haré saber que de mi solo va a recibir su cheque mensual para sus gastos y que no me volverá a ver— le hago saber, ya que es momento de cortar lazos, porque aunque sea mi madre, nadie le da el derecho de tratarme como una basura ni de hacerme pagar por algo de lo que yo no tengo culpa. Ya no más, no seguiré siendo su saco de boxeo.
— Está bien — responde —Te espero en el auto— yo solo asiento en confirmación.
Camino hacia la habitación de mi madre, suspiro y abro la puerta.
— Todavía no te has ido— espeta molesta.
— Vengo a despedirme de ti— comienzo diciendo — Ya no me volverás a ver nunca más, de mí solo recibirás la transferencia mensual para tus gastos del mes, lo justo para que te mantengas, se acabaron los gastos en exceso.
— Eres una ingrata — espeta con veneno — Ojalá hubieras muerto en ese incendio, lo mínimo que deberías hacer es complacerme en todo, pero eres una mala hija. Por eso prefiero a tu hermana porque ella si se parece a mí y sigue mis consejos y no es como tú una fenómeno de ojos bicolor y sobre todo no es una asesina.
— Piensa de mí lo que quieras madre— respondo— Ya tú no tienes influencia en mí, sí, me lastimaste con tu odio y tu rechazo todos estos años, te juro que trate de justificar cada insulto y cada cosa que me hiciste, te di gusto en todo lo que tú me pedías hasta estudié otra carrera porque lo que a mí me gustaba decías que era para hombres y porque eso te recordaba a papá y que yo era la causante de tus desgracias— una lágrima me resbala por la mejilla — Pero eso se acabó hasta aquí llegó todo, te deseo que seas feliz con tu hija a la que si quieres y de la que te sientes orgullosa — doy media vuelta y antes de salir le digo— Yo siempre te amé y te sigo amando pero no por eso voy a dejar que sigas destruyendo mi vida— y salgo con el corazón acelerado pero el alma tranquila porque ya dije todo lo que tenía guardado durante años y porque por fin decidí alejarme definitivamente de mi madre.
Voy hacia las escaleras y me encuentro son Sahara, lo que me faltaba, pensé que no la vería pero me equivoque.
— Vaya hasta que te dignas a aparecer — digo— Nuestra madre necesita de cuido ahí tú te encargas de ella porque yo no pienso volver a poner un pie aquí— iba a irme pero su voz me detuvo.
— ¿Ya terminaste de jugar a la santa, Safiye? —soltó, bloqueándome el paso
— Hazte a un lado —le dije, intentando mantener la calma—. No tengo fuerzas para tus ataques hoy. Mamá ya ha vaciado suficiente veneno sobre mí.
— Mamá es una aficionada —se rió ella, una risa seca que me heló la sangre— Ella te culpa por cosas que pasaron por azar. Pero tú… tú siempre te sentiste tan especial. La niña perfecta, la que sacaba mejores notas, la que papá miraba como si fueras de cristal. En la escuela, en la casa… siempre eras tú. Yo era solo la sombra que limpiaba lo que tú ensuciabas con tu brillo.
— ¿De qué estás hablando?—di un paso atrás, sintiendo que el piso bajo mis pies se volvía inestable.
— Hablo de justicia, Safiye. Aquella noche… el incendio. Todos creen que fue un accidente, un cortocircuito, una tragedia. —Se acercó a mí, y por primera vez vi el odio puro en sus ojos— Yo encendí esa chispa. Yo puse los papeles cerca del enchufe. Quería que te quemaras. Quería que ese rostro perfecto, esos ojos bicolor y esa atención que me robabas se convirtieran en humo.
El mundo se detuvo. El latido de mi corazón… todo se apagó.
— Tú… ¿tú lo hiciste? —mi voz fue un hilo roto— Papá murió allí. Papá entró a buscarme y murió porque tú…
— ¡Él no debía entrar! —gritó ella, perdiendo el control—. ¡Él debía dejar que te consumieras! Pero incluso en ese momento, te eligió a ti. Murió por ti, como siempre vivió por ti. Yo solo quería recuperarlo, quería que no hubiera nadie más a quien él pudiera mirar.
Me quedé paralizada, mirando a la persona con la que había compartido mi vida. La culpa que me había carcomido durante años, la que me hacía sentir una asesina… no era mía. Nunca lo fue.
— Eres un monstruo —susurré, y esta vez no fue un insulto, fue una afirmación—. Me dejaste creer que yo lo maté. Me viste llorar sobre sus cenizas durante años mientras tú guardabas el fósforo en el bolsillo.
— Y lo volvería a hacer —respondió ella con una frialdad aterradora—. Porque incluso ahora, con tu terapia y tus aires de libertad, sigues siendo la que todos miran.
— ¿Envidia? De eso se trató todo esto—le pregunté, con la voz rota por la incredulidad—. ¿De qué podías tener envidia? En la escuela mi vida era un infierno. Todos se burlaban de mí, me ponían apodos, me hacían el vacío… Pasé años preguntándome qué había hecho mal , que por que tuve que nacer así con ojos de diferente color.
Ella soltó una carcajada seca, carente de cualquier pizca de remordimiento.
— Fui yo, Safiye —dijo, cruzándose de brazos con una satisfacción enfermiza—. ¿De verdad creías que esos niños eran tan creativos? Yo les contaba mentiras sobre ti, les decía que te creías superior por tener ojos diferentes y porque sacabas buenas notas, que hablabas mal de ellos. Me encargué de que cada rincón de esa escuela fuera una tortura para ti. Quería que cuando llegaras a casa, no tuvieras a nadie más que a mí… pero seguías teniendo a papá.
Me llevé una mano a la boca, sintiendo náuseas. Los años de soledad, el miedo a salir al recreo, las lágrimas escondida en los baños… todo había sido orquestado por mi propia sangre.
— No te bastó con el incendio —susurré, y de repente, otro recuerdo amargo encajó en este rompecabezas de maldad—. No te bastó con matar a mi padre. También… Gustavo.
Ella arqueó una ceja, sonriendo de lado.